viernes, 18 de septiembre de 2026

Therion - Lepaka Kliffoth: cuando el death metal se hizo sinfónico...

 

Volvemos a poner nuestra mira en aquellos revueltos y desorientados mediados 90 donde todo era un bullir de subgéneros, sonidos y experimentos. Si por un lado, la época dorada del heavy metal parecía apagarse. Por otro, en el mundo extremo, surgían otras músicas y sonoridades. Una de las bandas que haría una de las transformaciones más atrevidas dentro del death metal, fueron, sin duda, los Therion del genio sueco Christofer Johnsson. De empezar en un primitivo y old school death metal, se presentaron en 1995 con el inicio de lo que sería una larga y exitosa carrera persiguiendo las bellezas oscuras de las sinfonías en negro...


1. The Wings of the Hydra (03:33)
2. Melez (04:06)
3. Arrival of the Darkest Queen (00:54)
4. The Beauty in Black (03:12)
5. Riders of Theli (02:51)
6. Black (05:02)
7. Darkness Eve (05:19)
8. Sorrows of the Moon (Celtic Frost cover) (03:26)
9. Let the New Day Begin (03:35)
10. Lepaca Kliffoth (04:26)
11. Evocation of Vovin (04:54)

Produced by: Christofer Johnsson
Nuclear Blast, 1995

Hoy vemos con nostalgia aquellos días de casetes vírgenes que iban cediendo espacio en nuestras estanterías para dejar sitio a unos discos revolucionarios de policarbonato, que solo tenían 120 mm de diámetro y 1.2 mm de grosor. El planeta se preparaba para dejar atrás el mundo analógico para adentrase con miedos en el universo digital. La forma de consumir música y de escucharla cambiaba. Ya no hacía falta hacer ese ritual, casi litúrgico, de poner una aguja sonora sobre los surcos de un vinilo y esperar a que este diera vueltas y produjera los sonidos. Ahora era una máquina quién se encargaba de todo el proceso. Solo hacía falta pulsar un botón, y este escupía una bandeja donde colocábamos el CD (compact disc), el cuál era leído a velocidades que oscilaban entre 500 rpm y 200 rpm por un rayo láser. Decían que era la máxima calidad de sonido puesta al servicio del oyente más humilde.

Sin ser ajenos a nada de esto, en Estocolmo (Suecia), la cuna del swedish death metal, bandas como Entombed o Dismember dejaban de ser la última moda. Los primeros se cargaban el death metal sueco para inventar o, por lo menos, popularizar el death and roll con Wolverine Blues y, los segundos, todavía no habían editado su tercer largo, el más continuista y heavy Massive Killing Capacity.

Unos meses antes, concretamente, el siete de abril de 1995, un joven oriundo de la localidad sueca de Upplands Väsby (cuna de los famosos Europe), sacaba su cuarto álbum. Hablamos de los Therion del gurú, músico, mago negro, ocultista, multiinstrumentista y compositor, entre otras... Christofer Johnsson. Lepaka Kliffoth se llamaba su último engendro salido de algún pentagrama maldito, título que seguía haciendo alusión a su gusto y amor por el esoterismo y las ciencias ocultas que siempre planeaban en sus obras. Ya en los tiempos de Of Darkness... su primer disco, editado en 1991, con tan solo 19 años, el único grabado en los famosos estudios Sunlight de Tomas Skogsberg, ya se dejaban entrever algunas pinceladas de su inclinación por la sinfonía y las temáticas cabalísticas y demoníacas.

Su death/thrash metal primitivo y cavernoso, de densidad y potencia, más inclinado a los medio tiempos que a la velocidad descontrolada, fue transformándose en algo mucho más ceremonioso y operístico a medida que iba sacando trabajos. Su siguiente obra, Beyond Sanctorum, editada solo un año después, lo despojaba de sus influencias thrash para adentrarse en los terrenos del doom y las voces operísticas. En este trabajo lanzaría su primera flecha exploradora. Igual que hicieran los Paradise Lost con su tema "As I Die", el Sr. Johnsson incluía "Symphony of the Dead" su sinfonía de la muerte, como avanzadilla y primer aviso a los más despistados, de que este hechicero de lo oculto, sin formación académica en el mundo de la música, se movía por otros parámetros distintos a la mayoría de bandas death de la época.

Reedición primeros discos Therion

Si alguien tenía alguna duda, en su tercer elepé, Symphony Masses - Ho Drakon Ho Megas, el proceso de transformación musical de este hombre quedó acreditado que iba totalmente en serio. Paso a paso, pieza a pieza, nota a nota, su death metal convencional y primitivo de sus inicios estaba siendo desguazado para ir acomplándole cada vez más partes lentas, sinfónicas y teatrales. Siempre desde los Montezuma Studios, de Estocolmo, donde se ubicó su cuartel general, en sus primeros tiempos, enseguida se desmarcó de ese sonido tan característico de las bandas death suecas. El famoso buzzsaw sound (motosierra) que habían inventando los Entombed en algún momento de 1990 (aunque no fueron ellos en realidad), pronto dejó de servir a los intereses de un Johnsson que tenía su propio plan de ruta y su modelo musical bien trazado en su cabeza.

La metamorfosis quedó casi lista cuando llegaron a 1995. Su fichaje por los de Nuclear Blast y la reestructuración de su line-up llegó en este Lepaka Kliffoth. El primero que grababa bajo la producción del mítico productor alemán Harris Johns, y donde destapaba casi sin ningún pudor su habilidad para tejer orquestaciones y sinfonías con el death metal.  

Christofer Johnsson (en el centro) época Leppaka Kliffot

La base de su escultura musical estaba casi lista. Pocas bandas había en la época que fueran capaces de fundir todas las influencias, músicas e ideas musicales que bullían por la mente de este hombre. En este cuarto álbum sentaría las bases de lo que después desarrollaría en sus siguientes obras. Las voces barítonas y femeninas, coros, juegos entre sopranos y tenores, bases de teclados, aromas góticos, doom, ritmos orientales y exóticos, heavy y sinfonía, mucha sinfonía que iría dividiendo en actos o partes como si de una ópera del fin del mundo se presentara ante nosotros. Si el final de la humanidad tuviera música, muy posiblemente sería la de alguna canción que ha compuesto este músico a lo largo de su vida.

Muchos no conocen este disco o lo infravaloran un poco. Los primeros elepés fueron durante años muy difíciles de conseguir, pero este Lepaka Kliffoth tuvo buena distribución y se podía encontrar con relativa facilidad en las tiendas de discos especializadas. Muchos los descubrieron con su siguiente full-lenght, Theli, de 1996, el álbum que los lanzó a la fama para su consagración definitiva con el que, para muchos, es su obra maestra absoluta, el majestuoso y culmen de su experimentación estilística, Vovin

Nada de esto llegaría si no escuchamos primero este Lepaka Kliffoth. El cierre de una etapa o el inicio de otra, o, simplemente, el trabajo que hacía de puente, de cápsula del tiempo para obrar la transición, el ascensor que conectaba dos mundos: el death metal y la música sinfónica. Si hubo alguien que fue capaz de unirlos fue el perteneciente a la orden mágica "Dragon Rouge", el Sr. Christofer Johnsson. Nadie había osado llevar tan al límite la línea que separaba ambos mundos. Si bien, ya había algunas bandas que jugaban con lo sinfónico y teatral, ninguna había conseguido hallar el acoplamiento casi perfecto como lo acontecido aquí.

En la belleza de piezas como "The Beauty in Black", una de las grandes composiciones del álbum, resultaba increíble que una música tan miserable y siniestra, tan despojada de humanidad, pudiera llegar a ser tan fascinante y evocadora. Un tema que parecía instrumental hasta que saltaban los juegos de voces operísticos en una simbiosis con la distorsión de las guitarras de metal, que te hacían volar la imaginación como si fueras una gaviota marina o un águila imperial por encima de algún mar o acantilado desolado.

Lo mismo ocurría en la de "Black", la sexta del disco, otra de las importantes, o, en la de "Let the New Day Begin", en otra demostración del poderío y potencial compositivo que atesoraba el Sr. Johnsson y, ya no digamos, en uno de los éxtasis absolutos del álbum, la monumental y premonitoria, "Evocation of Vovin", que hacía de cierre apoteósico y triunfal de este rompedor y experimental Lepaka Kliffoth.

En el final de mi adolescencia descubrir este disco fue toda una revelación. Esa sensación que seguro, apreciados lectores, habéis vivido alguna vez, y es ese momento de sentir que habéis cruzado una puerta mágica: el paso a otra dimensión musical. Así me sentí yo la primera vez que escuché este Lepaka Kliffoth. La de estar ante algo muy novedoso y excepcional. El valor de presenciar una banda que iba a romper todos los cánones establecidos dentro del death metal.

"Melez" sonaba tan exuberante y especial como lo sigue haciendo hoy en día. Ideal para activar la función de auto reverse. ¿Cómo era capaz de hacer esas transiciones, cambios de ritmo, dentro de patrones de metal claramente distorsionados? De pronto parece que sonaba una flauta, como un violín y, al momento, un riff de death cabalgaba la marcha al unísono. No tengo constancia de que ninguno de estos instrumentos sonaran en el álbum, pero podéis creerme que la sensación era esa, de estar ante un auténtico festín mitológico de letras y músicas.

Otra muy buena era la "Darkness Eve", donde ritmos sincopados y agresivos se entrelazaban entre melodías etéreas y soñadoras, llenas de espiritualidad. El misticismo de una música inusual y romántica. Estaba claro que el death metal aquí había alcanzado otra dimensión que parecía impensable hace unos años.

Algunos colegas llegaron a catalogar a este disco como el de la hidra de siete cabezas que sale en su portada. Todo aparenta ser un caos de músicas, ambientes y atmósferas. Una masa heterogénea y caótica, donde hasta llegaron a colocar una versión de los dioses Celtic Frost , "Sorrows of the Moon" (al parecer, de ahí viene el nombre de la banda, del disco To Mega Therion), en donde todo parecía no tener sentido. Un contendedor donde colaría pistas veladas, palabras en títulos de canciones, como "Riders of Theli" o "Evocation of Vovin", que después utilizaría y daría vida en sus siguientes discos.

Un Lepaka Kliffoth a la mayor gloria de la fuerzas malévolas de Qlifot, una oda al ocultismo, que descubría una estructura de canciones nunca antes vista hasta la fecha. Este cuarto álbum de Johnsson y sus Therion, fue toda una innovación para la época, un disco que abrió la puerta e inspiró a infinidad de bandas en la conquista de la sinfonía y las orquestaciones llevadas a una banda de metal. Ahí tenéis los casos de gente como Nightwish, Epica, los neerlandeses de After Forever o, cómo no, citar a los germanos de Haggard. En infinidad de bandas brotó la semilla plantada aquí y que se extendería a lo largo de toda Europa en los años venideros 

En una época donde todo parecía ya haber sido escuchado, otros encontraron la piedra filosofal que movería su música y que sería capaz de romper las limitaciones del género. Si alguien creyó que el death metal se podía fusionar con la música clásica y la ópera fue sin duda este señor. La primera demostración la tenéis en este Lepaka Kliffoth, el preludio de la llegada al trono del maestro, "La Bestia" de las sinfonías oscuras.

8/10


2 comentarios:

  1. Este lo compré en su día totalmente a ciegas, Lost. No conocía de nada a la banda, y me llamó la atención la portada. Era de aquellos tiempos que nos lanzábamos a comprar música así a lo loco y guiándote solo por tu intuición. No me arrepiento en absoluto, me sigue pareciendo un gran trabajo. Preludio, como muy bien dices, de su salto definitivo como fue el "Theli". Que ese sí que pegó muchísimo....

    Este "Lepaka Kliffoth" fue un disco de los denominados bisagra: esos que conectan la primera etapa de un grupo con el comienzo de la segunda. En su día me pareció muy revolucionario. Se salía del molde típico de lo que se hacía en el death de aquella, aunque aquí ya de death tenía poca cosa. Más bien era un mix de muchos estilos: doom, gothic y música clásica, que venía siendo el preludio de lo que después se dio en llamar symphonic metal.

    Desde luego, estamos ante uno de los discos más arriesgados y pioneros de aquellos años dentro del extremo.

    Grandes recuerdos me has traído, de un gran disco y mejor reseña. Gracias por traerlo, amigo.

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    1. Pues estamos los dos un poco igual. Qué tiempos aquellos que te podías lanzar así a la piscina sin miedo a que el disco fuera una mierda. Aunque, bueno, también a veces te llevabas tus chascos.

      A mí me gustó tanto el disco que me hice un fan total de la banda. Tengo cantidad de discos de ellos en casa. Haciendo memoria me hice con todos hasta el Deggial, que venía en una edición muy chula, como en digipack, pero de terciopelo por fuera. Después, como todo, se fueron haciendo muy monótonos y el efecto sorpresa lo fueron perdiendo. Pero la época que fue desde este Lepaka hasta el Deggial por lo menos, fueron todos discazos. Los primeros no estaban mal, pero se notaba que el tío aún no había dado con la tecla.

      Fueron todo un soplo de aire fresco y el tipo un innovador total. Posiblemente, de este disco viene la etiqueta del symphonic metal. La gente suele recordar el Theli, que es con el que la mayoría lo descubrió, pero yo si tuviera que escoger entre los dos, no lo tengo tan claro. Ahora, sin duda, para mí su absoluta masterpiece fue con el Vovin, que ahí sí que salió.

      Gracias a ti por recordarlo y comentar. Un abrazo, colega!!!!!

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Therion - Lepaka Kliffoth: cuando el death metal se hizo sinfónico...

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