martes, 27 de octubre de 2026

Recordando a Cronos: el bajista detrás de los hijos de Satán...

 

Pocos músicos pueden presumir de haber sido una de las fuentes de inspiración de lo que después desembocó en la música extrema: Conrad Thomas Lant, más conocido como "Cronos", nos dejó el pasado 29 de septiembre, huérfanos y solos a todos los fans de sus míticos y legendarios Venom, en una muerte totalmente inesperada. El sonido infernal de su personalísimo bajo y sus gruñidos no volverán a sonar sobre un escenario, pero sí sus discos. Especialmente, sus dos primeros álbumes, que quedarán para siempre como monolitos eternos de uno de los fenómenos más mundiales y mediáticos que surgieron en el heavy metal y que tuvieron en el sonido de sus cuatro cuerdas uno de sus referentes más distinguidos. Así eran los Venom, y así era Cronos: el bajista detrás de los hijos de Satán...


Escucho heavy por muchas razones, pero si os tuviera que decir una en estos momentos, es, sin duda, por la portada del segundo disco de esta gente. Black Metal, editado en 1982, significó para la persona de un chaval de 15 años toda una revelación. No había para mí imagen más emblemática e impactante en el mundo del heavy que ver a esa cabeza de un macho cabrío, con un pentagrama en el medio y la sensación de contemplar algo tosco y primitivo, pero con la impresión de ser totalmente aterrador y maligno.

Una portada que funcionó de manera terrorífica, y que se mostraría como un punto de partida, un icono eterno de la bandera del metal extremo hasta nuestros días. Venom en aquella época eran unos auténticos alguaciles del infierno. Lo más salvaje y demoníaco que había pisado la faz de la tierra. Nadie había osado llevar la imaginería satánica e infernal de una manera tan explícita como estos tres esbirros que, completaron junto con nuestro malogrado Cronos, la formación más legendaria y clásica de los Venom.

Contrariamente a lo que muchos piensan, Cronos originariamente tocaba la guitarra, su transición al bajo fue circunstancial, debido a algo que sucedía mucho en las bandas, cuando por fugas de algunos de sus componentes se veían obligados a hacer tareas que, en un principio, no estaban predestinadas. Y, bendito o, más bien, maldita la hora que Alan Winston dejó tirados a la banda una semana antes de su primer concierto, porque esa sería una de las primeras reencarnaciones de los originariamente llamados Guillotine, que desembocaría en la transformación final en un terceto completamente diabólico e infernal.

Un 17 de abril de 1981 se presentaban oficialmente al mundo como los Venom, en su formación definitiva y más clásica. Con Mantas (Jeffrey Dunn) a las guitarras, Abaddon (Antony Bray) a la batería, y, el Sr. Conrad Lant, Cronos, al bajo del infierno. 

La publicación en dichas fechas del single In League with Satan/Live Like an Angel (Die Like a Devil), marcaría el inicio glorioso de su reinado como banda más salvaje y diabólica del planeta.

Pero, me vais a perdonar, que hoy no venga a haceros una biografía exhaustiva de los Venom ni del propio Cronos en particular, toda la información está a vuestro alcance en la Wikipedia y en infinidad de páginas webs repartidas por el mundo. Yo, simplemente, quiero haceros una semblanza humilde y sincera a modo de homenaje a un músico que, con su carisma, presencia escénica y sonido de su bajo, marcó mi adolescencia para siempre. Con él me bebí su Poison y crucé con ellos las 7 Gates of Hell. 

Para mí Cronos sobre el escenario y con su instrumento colgado era casi un semidiós. Un tipo imponente y muy difícil de batir. Muy bueno en lo suyo. Algo había en él que, entre cañones de fuego, chorros de luz y vatios de sonido, se transformaba en una bestia del metal. Un auténtico embajador del mal en la tierra...

Nunca olvidaré sus muñequeras de pinchos, el collar de dóberman en su cuello, esa melena, su frente despejada y su cara de enajenado mental. Cuando sacaba esa lengua larguísima y reptiliana te hacía cagarte de miedo. Tú peor pesadilla en una noche oscura y lluviosa sin luz eléctrica. Quizás no era el mejor bajista del mundo, y su voz la más refinada, pero cuando hacía esos arrastres de bajo y se preparaba para escupir sus letras blasfemas, el decorado se transformaba en una auténtica ceremonia infernal, aunque todo fuera impostado y una manera más de llamar la atención, pero qué importaba todo eso. Los escuchabas y, sobretodo, cuando los veías, decías: estos son los tres hijos de Satán.  

El bulldozer del bajo (bulldozer bass), así también era conocido. Y es que Cronos no tocaba para lucirse, tocaba para sembrar la destrucción y el infierno allá donde su explosivo bajo retumbaba. Maldecirnos con unas cuatro cuerdas personalísimas, conectadas a todo volumen a un pedal fuzz y a unos amplificadores Marshall, que formaban una masa de ruido al lado de la guitarra de Mantas y la batería apisonadora de Abaddon, muy difíciles de igualar. Una especie de Motörhead diabólicos, fundidos con los Judas Priest, pero todo llevado al extremo en decibelios y en temática satánica. 

Visto hoy, todo parece muy rudimentario y primitivo. Un sonido muy básico, lleno de distorsión y suciedad que, en su tosquedad y, contra todo pronóstico, revolucionó la música heavy en aquel momento y expandió y ramificó el heavy para el nacimiento del thrash, death y black metal. Venom abrió una nueva puerta no desde la complejidad técnica ni desde el virtuosismo instrumental, sino desde el lado blasfemo, crudo y brutal del heavy metal. Nadie había osado ir tan lejos. Parecía que por ese lado no estaba el futuro del heavy metal, pero ellos demostraron que dando otra vuelta de tuerca al contador infernal, estaba la nueva evolución del heavy metal.

Lo pudieron haber hecho otros, posiblemente, pero solo estos tres locos de Newcastle se atrevieron a desafiar a la industria y el mundo de la música rock, llenándolo de caos y ruido. Seguramente, tanto Cronos, como el tío Jeffrey y Mr. Bray eran conscientes de sus limitaciones con sus instrumentos, pero lejos de acobardarse y autolimitarse, hicieron de todo eso una virtud. Lo llevaron más allá de los límites. Una apuesta que pudo salir mal, pero que funcionó, seguramente por presentarse en una época con un público deseoso de emociones fuertes y con ganas de transgredir las reglas. Todo junto, unido a una buena campaña publicitaria y a unos directos arrasadores, los encumbraron como los reyes absolutos del heavy más desfasado y cafre durante los primeros 80.

Los Venom en 1982 (Cronos en el centro).
Sus testigos están ahí, especialmente, en sus dos primeras obras, el debut, Welcome To Hell, de 1981, como, Black Metal, del 82, nadie ha podido destruirlos ni enterrarlos. Siguen totalmente vigentes y contemporáneos. Igual de retadores y blasfemos como el primer día. Su contribución e influencia histórica superó sus limitaciones técnicas, musicales y de sonido. Y eso es lo más aterrador, que algo tan tosco y limitado siga conservando su poder de inspiración y convocatoria en miles de bandas que empiezan en la música extrema.

Cronos, al lado de Mantas y Abaddon, conscientes o inconscientemente, abrieron la caja de pandora. Lo más decepcionante de todo fue ver cómo de su nacimiento meteórico y arrasador, igual de abrupto fue su final. Sigue siendo un misterio porqué su época legendaria, la que fue desde 1981 a 1985, dio paso a unos siguientes años erráticos y confusos donde nunca más volvieron a ser los mismos. 

Algunos apuntan a sus malas relaciones entre ellos, el desgaste como unión se rompió, y el grupo cayó en una falta de rumbo y liderazgo. Cuando estaban en lo mejor, los escarceos y fugas de miembros empezaron a surgir. Primero fue Mantas que, tras el lanzamiento de su quinto disco, el irregular Possessed, de 1986, dejó el grupo y se lanzó a una carrera en solitario.

Poco después haría lo mismo Cronos y, con él, la magia de Venom se desvanecía. El grupo seguiría, cierto, pero  aquello distaba mucho de parecerse ni tan siquiera a una mala sombra de lo que fueron. Abandonados por los fans e ignorados por la crítica, el bueno de Conrad decidió retomar las conversaciones con Mantas y Abaddon y, en 1996, se volvieron a juntar para ratificar la ansiada reunión en el mítico festival neerlandés, el Dynamo Open Air, donde volvieron a sembrar las enseñanzas de Satán en la tierra y a desprender la intensidad y fuerza que siempre tuvieron los tres en el escenario. Un año después editarían un muy digno nuevo disco, Cast in Stone, que recuperó para la banda a los fans más acérrimos y demostró que Venom podía competir en los tormentosos y confusos mediados 90.

A pesar de las buenas críticas y del nuevo renacer de la banda, las broncas y discusiones volvieron a aflorar y, lo que parecía un regreso triunfal de una banda icónica y legendaria que había sido muy grande en los 80, se encontró con la maldición que siempre les acompañó. Parece que no se soportaban, especialmente con Abaddon, y eso acabó carcomiendo el corazón negro del grupo.

Muchos señalan a que unos jovencísimos Metallica que eran unos completos fanáticos de ellos, y que estos llevaron de gira en el histórico tour europeo cuando los Venom presentaban su disco Black Metal, y que se denominó "Seven Dates of Hell", fueron los causantes de su caída. Los de San Francisco defendían su debut Kill 'Em All, y, según cuentan las crónicas, James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammett y el ya fallecido Cliff Burton, los destrozaron y arrasaron en el escenario. Metallica eran los nuevos reyes de la agresividad, y se los habían comido con patatas. Reconocido por los propios Venom, que veían en ellos a los nuevos reyes de la agresión.

El trono había cambiado de dueño y, aquí, muchos, marcan el inicio del declive de Los tres hijos de Satán. La banda fue devorada por un nuevo subgénero que los superaba en agresividad, furia y potencia, ya no digamos en habilidad y destreza. Los fans empezaron a cambiar las camisetas con la portada del Black Metal pera empezar a enfundarse el logo de Metallica y una silla eléctrica de color azul entre rayos y relámpagos. No todo esto lo explica, pero está claro que sí tuvo mucho que ver, junto con sus malas relaciones y la poca inteligencia para saber gestionar y llevar su éxito más allá de aquellos primeros 80.

Sea como fuere, a pesar de sus errores y fracasos, Venom dejó una huella imborrable en el metal extremo. No es que lo crearan, pero no cabe duda de que lo inspiraron y sirvieron de guía para el desarrollo del mismo. Cronos, Mantas y Abbadon desde su ingenuidad, aprovecharon un nicho que estaba ahí, y que solo ellos se atrevieron a explotar. Nunca se sabrá realmente lo que les pasó, tal vez su tiempo se acabó o, quizás, el demonio los derrotó en su At War With Satan... Lo que esta claro es que el bajo de Cronos ya no hará nunca más ese Booommm..., sobre el escenario, a partir de ahora, solo seguirá sonando para siempre en el infierno. Hasta la próxima, amigos.

A la memoria de Conrad Thomas Lant "Cronos" (R.I.P.)


1 comentario:

  1. Venom, o como con muy poco hacer mucho.

    Vaya por delante mi respeto hacia uno de los pioneros del metal extremo; sin ellos, Celtic Frost/Helhammer, Bathory y Motorhead, creo que no habría toda la cantidad de grupos que ahora pululan por el underground y las mezcolanzas de metal extremo actuales.

    Ahora, también lo voy a decir; Venom tienen par mí dos discos (pioneros, pero no de 10). El resto, pues son un poco más del montón. Alguna canción pero nada más. Y es que supieron sacar partido al tema del satanismo y llamar la atención, pero luego los discos eran (con todo mi respeto) simplones... vamos, que técnicos técnicos no eran; pero ninguno de los tres.

    Aún así y todo, han sido punto de referencia para muchas bandas por innovadores y adelantados, aunque creo que fue más por estar en el lugar adecuado y un poco por carambola que por intención.

    Conrad, dale recuerdos a Thomas Forsberg.

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