Abordar este disco siempre me ha resultado una tarea ardua difícil. Lo fácil sería ponerlo a parir y criticarlo sin compasión. Sin embargo, tras treinta y tres años de su lanzamiento, mi reciente acercamiento hacia él me ha permitido ofreceros un nuevo planteamiento más maduro y sin complejos. Si cuando salió no lo entendisteis, pasaros por aquí e intentadlo de nuevo. Passion and Warfare, su anterior álbum, lo había llenado de poder y se creía capaz de desafiar al sexo y a la religión tocando su guitarra. Lamió las mieles del éxito y pensó que con sus manos podría cambiar el mundo. Era un pobre mortal buscando la inmortalidad Era un Steve Vai jugando a ser Dios...