sábado, 25 de abril de 2026

44 años de Hallowed Be Thy Name de Iron Maiden: la leyenda eterna del falso culpable...

 

Seguramente sea muy difícil discernir cuál es la mejor canción de Iron Maiden. Tienen tantas y tan buenas, que cada uno de nosotros tendrá la suya. Para festejar el recientemente 44º aniversario de su lanzamiento, os propongo seleccionar esta que va dentro de uno de los mejores discos de La Doncella y uno de los más grandes elepés que se han hecho en el heavy metal, el inmortal The Number of the Beast de 1982. Todo el disco es una obra maestra, pero si hay un corte que aúna todo lo que es Iron Maiden: sus melodías, armonías, épica, solos y la voz magistral de Bruce Dickinson es en esta "Hallowed Be Thy Name". Invitados quedáis, y que santificados sean vuestros nombres...


Todavía guardo en mi corteza temporal la primera vez que escuché la entrada de esta canción. Tendría unos 14 o 15 años cuando un colega mayor que yo me dejó una cinta grabada donde venía por la cara A otro disco (no recuerdo muy bien cuál era) y en la B, era el de la portada diabólica donde salía un Eddie más demoníaco y fantasmagórico. 

El álbum en su conjunto es muy especial, pero el inicio de este tema era harina de otro costal. Se oían unas campanas y Clive Burr golpeaba con sutileza sus platos y el bombo, todo acompasado como si fueran mensajeros de la destrucción. Seguidamente, surgía Bruce Dickinson recitando: "I´m waiting in my cold cell..." El éxtasis absoluto llegaba cuando Bruce estiraba el final de la estrofa, en ese icónico y eterno "are running looooooowwww...." donde el espadachín iba subiendo de notas, mostrando su rango y poderío vocal, hasta que acababa en una apoteosis total...

Esta anécdota os puede parecer algo muy normal que un mocosillo que empezaba a pajearse se dejara impresionar así de fácil. Sin apenas cultura musical (escuchaba lo que me dejaban y conseguía) ni criterio propio, aquello significó que abriera una puerta nueva dentro de mí. Después seguiría abriendo más, pero esta fue una muy premonitoria. Tan premonitoria, amigos, que me sigue acompañando ahora que ya soplo casi un 10 x 5. Fue en ese momento donde supe que estaba ante algo que me iba a marcar de por vida, y así fue.

Después de que Dickinson dejara su primera contribución. La banda se lanzaba tras él envuelta en un torbellino de melodías/armonías, que iban al unísono con la batería de Burr y unas cuatro cuerdas de Steve que no daban un segundo de tregua. Escuchar galopar el bajo de Harris, mientras Smith y Murray descargaban entre guitarras su arsenal de riffs, sigue siendo un auténtico placer. Es un tema que nunca me cansa. No se desgasta, es eterno e insondable. Sé que está ahí, siempre esperando como el primer día, a que cuando me apetezca recuperarla, seguirá sonando como la primera vez que la pinché...

De aquella no fijaba en la letra de las canciones. Ni de esta ni de otras, eso era lo de menos, pero en el fondo de mi corazón sabía que hablaba de un tema importante. Años después descubriría que trataba de un hombre condenado, que describía sus últimos momentos antes de ser dirigido a una muerte segura: la horca lo esperaba... Lo más escalofriante de todo es que el tema dejaba la opción abierta de que el protagonista pudiera ser inocente y que solo en la otra vida (si la hay) pudiera tener justicia y descubrirse la verdad: que en realidad era inocente... La canción resulta magistral desde cualquier ángulo que la abordemos. ¿Quién no se identifica con un posible inocente que es condenado injustamente? El ejemplo eterno del falso culpable -The false guilty-

Todo esto no hizo más que enamorarme cada vez más de este tema. La ponía sin parar, me levantaba por la mañana y sin desayunar, todavía en calzoncillos, me la pinchaba. La necesitaba. Sentía siempre su llamada. El colofón final era cuando el ex Samson se despedía del tema cantando unas letras en otra exhibición de su poderío como uno de los mejores vocalistas del momento. Bruce estirando y sosteniendo el título del tema: la eterna "Hallowed Be Thy Name".


Edición casete (UK), The Number of the Beast, 1982

La pieza es como un relato, una historia llevada al tamiz del heavy metal y convertida en una epopeya sonora. Trata un tema que nunca muere. Siempre habrá un condenado inocente que sea ajusticiado, y ahí está su fuerza. Cualquiera de nosotros podemos ser el protagonista de la canción.

Un tema tan emblemático siempre está rodeado de leyendas y misterios. Uno de ellos, pudiera ser el origen o de dónde Steve Harris sacó inspiración para componerla: algunos apuntan a que Harris pudo sacar ideas de la serie de 1961 The Twilignt Zone, donde en uno de los episodios se narra una situación parecida al tema en cuestión, donde un soldado cree estar vivo, pero en realidad está muerto y camina hacia el más allá.


Otras hipótesis pueden ser influencias del cine o la literatura donde se narran bastantes casos de reclusos que esperan su última noche antes de ser ejecutados. Sea como fuere, el propio Harris siempre apuntó a que con este tema, quería afrontar un tema muy dramático y tan profundo como es ese momento tan trascendental en la vida de un hombre que está a punto de morir.

La controversia y el lado más escabroso de la historia estuvo cuando en el 2017 fueron acusados de haber plagiado partes de la letra del tema. La banda de rock progresivo Beckett, también británica, acabó demandado a los Maiden por un presunto plagio en algunas partes de la letra que, según estos, estaban sacados o eran muy similares a los que salían en su canción "Life´s Shadows" publicada en 1974.


Al parecer, el plagio estaba en seis líneas de la letra original, que según Harris utilizó solamente como guía y que después olvidó cambiar. Pero que nunca su intención fuera copiar literalmente toda la música y letra de dicha canción. Al final, todo el embrollo se solucionó de manera amistosa, sin llegar a juicio y pagando los Maiden unas 900.000 libras a los litigantes (unos tales llamados; Brian Ingham, Brian Quinn y Robert Barton), aunque entre ellos tampoco se ponían de acuerdo en quién era realmente el compositor de la pieza, por lo que parece ser que también se enzarzaron entre pleitos para esclarecer quién era de verdad el autor de la obra.

Seguramente, si el tema no se hubiera hecho tan famoso nada de esto hubiera acontecido, eso sí, con esto no quiero hacer de abogado del diablo, ni de defender a unos ni de criticar a otros, ni tampoco decir que no haya algo de verdad en todo este asunto, pero que sí da pie a sospechar de que hubo algo de oportunismo malicioso en la demanda. Máxime cuando uno de los presuntos autores dijo que andaban mal de dinero y que por eso se habían lanzado a demandarlos. Si escucháis el tema, musicalmente, yo no aprecio donde está el plagio (otra cosa es el tema de las letras).  Ya sabéis que el límite en dónde está la inspiración o el plagio es algo a veces muy difícil de determinar. ¿Qué banda no ha copiado algo alguna de vez de otra? No creo que se libre ninguna...

Iron Maiden, Live at the Palladium, 1982

A mí personalmente, todo este asunto me da un poco igual y no me afecta en mi valoración personal sobre esta completa y absoluta joya de los Maiden. Porque Harris se hubiera inspirado un poco o cogido algunos versos de otra canción no veo porque haya que dejar de idolatrarla. Si vamos a eso, entonces habría miles de demandas de plagio de canciones. Anda que no hay riffs, estrofas, ritmos o ideas que nos recuerdan a cientos de canciones y no por ello vamos a pensar que todas fueron copiadas. De todas formas, creo que todo esto es deslizarse por una cuerda tan fina, donde es muy fácil caerse... La controversia está ahí, y que cada uno saque sus propias conclusiones.

Dejando de lado todo este tema tan espinoso, "Hallowed Be Thy Name" forma parte de eses grupos de canciones que ya os he comentado en otro reportaje, que son un universo en si mismas. Son casi como pequeños discos metidos dentro de una sola canción. Varias canciones metidas en una sola, que poseen una estructura, desarrollo y musicalidad únicas.

Iron Maiden en 1982
Son temas que tienen como vida propia. Icónicas e inmortales. Son como una historia con su inicio, su desarrollo, su nudo, su desenlace y su final. Traducido al argot musical: aquí tendríamos una intro, un primer verso, un segundo verso y aumento de la intensidad, tercer verso y explosión del tema, las armonías se desatan y todo se prepara para la entrada de los solos, previa la parte de un puente que hace de hilo conductor, para volver a relajar el ritmo y finalizar la canción en una apoteosis final. 

Para muchos en esta "Hallowed Be Thy Name" está el ADN inmutable de Iron Maiden. Su marca de la casa. Su tarjeta de visita. En cambio, para otros es un gran tema, pero no el mejor, pero no creo que nadie pueda decir que no sea un clásico absoluto. Mi opinión ya la sabéis, aunque tengo muchas más que me encantan, aquí creo que vive el espíritu de la banda. Su narrativa, su fuerza, su progresión, sus interpretaciones, su construcción casi de película de cine, su intensidad y dramatismo, la convierten en uno de los grandes cortes no solo de Iron Maiden, sino de todo el heavy metal. Hasta la próxima, amigos.

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