viernes, 25 de septiembre de 2026

Harlott - Exequiis: probando los ritos funerarios de los australianos de harlott...

 

Los veteranos canguros thrasheros de Harlott nos entregan su última obra discográfica. Formados en el 2006, y, tras cinco largas duraciones, vuelven a la carga con su thrash clásico y agresivo engendrado en la ciudad de Melbourne. Unos grandes veteranos que llevan en el negocio unos 20 años y de los que nunca se han sabido grandes hazañas. Más allá del circuito underground australiano sus obras han sido solo pasto de los ambientes más selectos y exclusivos. Hay que estar muy metido dentro del pozo inagotable e inabarcable de la escena thrasher para controlar a estos koalas metaleros. Por eso hoy no os perdáis este álbum que viene desde las antípodas para seguir alimentando la llama eterna que ilumina al mejor Thrash Metal.


1. Incipiam (00:48)
2. Void (04:15)
3. Messiah Simplex (04:20)
4. Trial by Liar (04:12)
5. The God That Knows No Name (05:48)
6. Kleptogenesis (03:05)
7. A Still More Glorious Dawn Awaits (05:01)
8. The Joyful Stain (03:42)
9. Edling (06:06)
10. Vice Borne (03:08)
11. Exequiis (05:35)

Produced by: Julian Renzo 
Metal Blade Records, 2026

La verdad es que no conocía de nada a estos tipos. De tierras australianas solo me vienen los recuerdos de los Mortal Sin, toda una institución en los 80 dentro del thrash metal australiano, una de sus bandas de cabecera, igual que los Deströyer 666, aunque estes cultivaban (ojo, que todavía siguen activo) un rollo más blacker y oscuro -creo que todavía siguen con los de Season of Mist-.Y ya os digo que, si la memoria no me falla, todavía debería de conservar algún cedé de esta gente por casa (tendría que buscar).


Supongo que esto de vivir en un continente tan vasto y alejado como el australiano tanto puede ser una ventaja como convertirse un hándicap muy gordo. Si bien es un país muy grande, el sexto en extensión del mundo, megadiverso y multicultural, también supone un problema para salir de allí y montar giras por Europa o Norteamérica. Necesitas tener una discografía con músculo y grande, que te financie y te permita coger los bártulos para lanzarte a la conquista del mundo. Acordaros del ejemplo de los Sepultura, en los finales 80, cómo les costó abrirse paso hasta que fueron fichados por los de Roadrunner. Lógicamente, no era la misma época ni tampoco era lo mismo salir de Brasil que, en este caso, pegar el pelotazo desde la tierra de los barefoots y las barbacoas.

Eran otros tiempos donde el negocio de la música se trabajaba de otra manera. Ahora con esto del internet y el YouTube es más fácil dar a conocer tú música y expandirte a cualquier rincón del mundo, aunque sea digitalmente. Ejemplo de que todo esto del internete no es tan malo como lo pintan. Ojalá lo hubieran tenido los hermanos Cavalera cuando lanzaron sus primeros discos.

Por lo pronto estos de Harlott (no sé por qué, pero el nombre me recuerda mucho a los Iron Maiden) están desde hace unos años, creo que desde su tercer largo, Extinction, de 2017, bajo las redes de los de Metal Blade, que son o, más bien eran (o a lo mejor siguen siendo), una disquera con un olfato brutal para las bandas. En los 80 y 90 se hincharon a descubrir grandes grupos. 

Por citaros algunas, los Slayer o Cannibal Corpse fueron dos de sus mejores emblemas, que no son poca cosa... Pero en sus tentáculos también cayeron infinidad de grandes bandas del extremo. Su dueño y propietario, el famoso Brian Slagel, cuenta en su haber con la medalla de haber sido el  personaje que les brindó a unos jovencísimos Metallica aparecer en el mítico recopilatorio, Metal Massacre, de 1982, con el tema "Hit the Lights", lo que les catapultó de manera significativa por aquellos años.

Ahora su intuición ya no es la misma, pero yo siempre le presto una oreja a las producciones que saca con su discográfica, no vaya a ser que, cualquier día, salte la liebre. Por lo pronto, tenemos entre manos a este quinto disco de estos melburnianos, que hace un trabajo muy serio y bien currado dentro de un thrash clásico y sin sorpresas, en ocasiones, hasta casi rozando el black metal. Pura tradición, pero sin sonar a una radiografía mala de los clásicos. Estos tíos copian, pero lo hacen desde la calidad y el buen gusto, sin caer nunca en una imitación barata. Ya sabéis mi dicho: "Para copiar también hay que saber".

Podemos pensar que estamos ante otro disquito más de barriada para echar al viejo baúl del thrash metal que se quedará ahí olvidado como tantos otros, pudiera ser, amigos, pero tampoco veo que lo perjudique, es una forma de seguir nutriendo ese fuego inextinguible de un subgénero que cada cierto tiempo parece resurgir de sus cenizas. No hace mucho, los ex de Jason Newsted, Flotsam and Jetsam, sacaban disco, igual que todas unas leyendas germanas como los Exumer, donde su vocalista, Mem Von Stein, tiene un parecido brutal con estos de Harlott.  De hecho, así de primeras, si os pincháis este Exequiis, parece un híbrido de los mencionados con algunas cositas de los Coroner y, por supuesto, la fuente inagotable y sagrada de la Bay Area Thrash de San Francisco, que es un manantial al que casi ninguna banda se niega a beber.


Por ahí también nombran a los Kreator y a la escuela thrashera alemana. Hay de todo, y de entre todo eso, lo mejor. Ya el anterior, Detritus of the final Age, apuntaban muy buenas maneras, quizás más pesados y duros, y aquí han apostado por más melodía y variedad o, simplemente, su punto de maduración está en su estado óptimo o este está mucho mas cerca.

El disco tiene todo lo que a los que somos amantes del thrash podemos esperar. Su intro de rigor como se hacía en los 80, y, después, un inicio demoledor y sin concesiones. Mezcla de habilidad, elegancia, ritmo y potencia. Tanto la de "Void" como la siguiente, "Messiah Simplex" son tan buenas, que despejan cualquier duda que podamos tener a la hora de afrontar el disco.

Pasadas estas dos piezas, el resto ya es dejarnos llevar. Más a medio tiempo son las siguientes "Trial By Fear" y una muy buena, "The God That Knows No Name", con un rollazo total a los Slayer y Megadeth realmente muy logrado. Por veces, podéis creerme, es como si Dave Mustaine y Kerry King al final acabaran los dos juntos en la misma banda, algo, que, cómo sabéis, estuvo a punto de suceder en los albores ochenteros.

Todavía no hemos hablado de los solos, y los hay, y muy buenos. En cualquier pista son plenamente destacables, pero si hay una en donde les han quedado cremosos es en una que podríamos decir que es uno de los hits del disco, de hecho grabaron un videoclip, hablamos de la de "The Joyful Stain", un tema que es pura esencia alemana. A otros les suenan más a los Testament del siempre eterno Alex Skolnick. En cualquier caso, temazo y totalmente acertado para colocarlo como una de las destacadas del disco.

No os penséis que las tres últimas que quedan son el sobrante de la botella, el poso desechable que normalmente es arrojado a la basura. Tanto la de "Edling", como "Vice Borne" y, la propia homónima "Exequiis", redondean un disco convincente y disfrutable, que no va a cambiar la historia del thrash metal, pero sí les está sirviendo, de momento, para llevar estas canciones por algunas plazas europeas durante este mes de septiembre.

Así que, amigos, estamos ante un producto seguro y confiable si os gusta el estilo, totalmente made in australia, tanto en la formación, ejecución como en la producción, que presenta a una banda de mucha calidad, que ha alcanzado con este Exequiis un nivel de grupo de primera división. Ahora solo falta que esta gente de la continuidad a este álbum como se merece, y no tarden seis años en poner en el mercado otro trabajo discográfico. Dicen que en Australia tienen la costumbre de levantarse con los primeros rayos del sol, esperemos que estos Harlott se apliquen el cuento y no acaben siendo devorados por los bares ocultos de su natal, bohemia y cosmopolita, Melbourne. Hasta la próxima, amigos. 

7/10 


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