viernes, 31 de julio de 2026

Steve Vai - Sex & Religion: cuando Steve Vai quiso convertirse en Dios...

 

Abordar este disco siempre me ha resultado una tarea ardua difícil. Lo fácil sería ponerlo a parir y criticarlo sin compasión. Sin embargo, tras treinta y tres años de su lanzamiento, mi reciente acercamiento hacia él me ha permitido ofreceros un nuevo planteamiento más maduro y sin complejos. Si cuando salió no lo entendisteis, pasaros por aquí e intentadlo de nuevo. Passion and Warfare, su anterior álbum, lo había llenado de poder y se creía capaz de desafiar al sexo y a la religión tocando su guitarra. Lamió las mieles del éxito y pensó que con sus manos podría cambiar el mundo. Era un pobre mortal buscando la inmortalidad  Era un Steve Vai jugando a ser Dios...


1. An Earth Dweller´s Return (01:03)
2. Here & Now (04:47)
3. In My Dreams With You (05:00)
4. Still My Bleeding Heart (06:00)
5. Sex & Religion (04:24)
6. Dirty Black Hole (04:27)
7. Touching Tongues (04:33)
8. State of Grace (01:41)
9. Survive (04:46)
10. Pig (03:36)
11. The Road to Mt. Calvary (02:35)
12. Down Deep into the Pain (08:01)
13. Rescue me or Bury Me (08:25)

Produced by: Steve Vai
Relativity/Epic, 1993

Conseguir el éxito mundial demasiado pronto no es fácil de asimilar. Vender millones de copias de un disco, salir en las portadas de las mejores revistas y hacer giras mundiales, te pueden convertir en un hombre subido en una montaña de cristal. Él se pensaba fuerte, tocaba como los dioses, había estado en algunas de las mejores bandas y ahora pensaba que había llegado su momento. Pero en realidad era un hombre frágil. De carne y hueso como tú o como yo, con la salvedad de que estaba bendecido por un don especial para tocar la guitarra. 

Uno de los elegidos en el arte de las seis cuerdas que solo disfrutan unos pocos afortunados. Pero nada de eso lo hacía inmune a la vanidad y a la tentación irresistible de querer desafiar a dos conceptos tan universales y tan complejos como el Sex and Religion. Se creyó un nuevo mesías del rock que podía cambiar los cimientos de dos de las mayores obsesiones de los hombres: El Sexo y la Religión. Ya no era Steve Vai, ese chico que había estudiado los secretos del instrumento en el Berklee College of Music de Boston y que practicaba con su guitarra quince horas al día, sino, V.A.I., iniciales en mayúsculas y separadas, como un acrónimo mesiánico y profético, una nueva venida de un extraterrestre musical, un alien que había venido de otro planeta a enseñarnos un nuevo catecismo en forma de guitarra de rock.

Su idea inicial era hacer algo parecido a una banda, pero rodeándose de músicos de máximo nivel técnico e instrumental. Y quizás ahí estuvo uno de los mayores errores. La de juntar demasiado gallo en un mismo corral, que venían de diferentes estilos, algunos inexpertos y muy jóvenes, lo que convirtió toda la génesis, grabación y producción del disco en una auténtica odisea, llena de enfrentamientos, broncas y problemas, que casi dan al traste con el álbum.

En su planteamiento originario todo era demasiado pretencioso y ambicioso, donde todo se mezclaba en un mar de excentricidades entre ideas y conceptos. Ni la portada, ni el artwork interior del disco parecían tener sentido y, a ojos del oyente que venía de sus anteriores obras, este Sex & Religion era un hueso demasiado extraño de roer. 

El oyente medio de rock quería algo más claro y conciso como había sido Passion and Warfare. Temas más cortos, directos y donde se escuchen esos solos llenos de efectos y expresividad, un virtuosismo exquisito que hacían sonar su guitarra con una limpieza y frescura que enamoraba a cualquier persona, no solo amante del rock, sino de la música en general, que escuchaba por primera vez a este genio nacido en la pequeña localidad neoyorkina de Carle Place y que quedaba maravillado para siempre.

Pero Sex & Religion era otra cosa. Un cambio de tercio en toda regla que nos recordaba que música mandaba en 1993, esa en donde ya no estaba la dureza de las guitarras y los solos de Vai habían sido relegados para destacar la voz de otro genio emergente, hasta la fecha casi desconocido, el Sr. Devin Twonsen, que con solo 21 años se daba a conocer e inauguraba una carrera musical llena de extravagancias pero también de éxitos hasta nuestros días. 

El que había sido alumno aventajado de otro maestro de la guitarra como Joe Satriani (para muchos, El Gran Maestro), se había metido en un jardín peligroso, donde jugaba con su ego de manera arriesgada, entre la filosofía, las religiones, el esoterismo y su guitarra experimental, provocando que todo el experimento quedara diluido en una falta de cohesión y homogeneidad alarmante. El disco adolecía de una identidad clara y no tenía cierto su rumbo. A día de hoy, yo sigo sin entenderlo y, seguramente, la mayoría de vosotros también. Quizás este no era el camino. Posiblemente, los fans no querían que Vai montara una superbanda y que un tipo cantara sus canciones, sino, más bien, escuchar en primera fila, su guitarra heavy, virtuosa y refrescante, que había maravillado al mundo apenas tres años antes.

Visto en 2026 parece que todo era más fácil. No era necesario que Esteban (Steve Vai) experimentara tanto y que nos llevara tan allá. Si bien se agradece (yo por lo menos) que los guitar heroes evolucionen, se arriesguen y no traten de vivir de las rentas pasadas. La fórmula Sex & Religion no fue tan impactante como en Passion and Warfare. Ese grupo de músicos (el citado Towsend, el bajista T. M. Stevens y el batera Terry Bozzio) que buscó, no consiguieron recrear el espíritu de una banda como tal. Más bien fue un elenco de mercenarios con dotes extraordinarias que no funcionaban como un todo. Igual no eran los músicos idóneos para esta aventura o el proyecto en sí era demasiado megalómano para que pudiera llevarse a buen puerto. 

Vai siempre dijo que había inventando una escala nueva para la grabación de este disco, la javiana o xaviana, como si eso fuera algo que al fan medio le importara o comprendiera. No creo que un chaval amante del rock prestara mucha atención a eses aspectos técnicos. El convencionalismo nunca fue algo que figurara en su diccionario, siempre a la vanguardia del sonido y de la técnica, pero eso a veces no es lo más importante en una obra musical.

Con el gran Frank Zappa había aprendido las bondades que aportaba el trabajar de noche y esa manía que tenía de meter conversaciones a modo de pequeñas cuñas entre pistas. Todo eso ocurrió aquí, pero por alguna razón las trece piezas que decidió incluir, casi ninguna, conseguía elevarte al nivel espacial como si ocurría en el anterior Passion and Warfare.

En este Sex & Religion siempre tengo la sensación de estar pasando pistas con la idea de que en alguna pueda surgir a ese Steve Vai que vengo a buscar, hasta que llego al final y en ninguna tuve la sensación de haberlo encontrado, ni de haber escuchado algo ni demasiado memorable ni grandioso. En realidad, es todo lo contrario, ni en las mejores piezas del álbum, "In My Dreams With You", "Still My Bleeding Heart", "Survive" o la más metalera de todas, "Down Deep into the Pain", encuentro las mismas percepciones como si ocurría en el de las pesadillas eróticas y secretos del amor...

Si no puedes comprender un disco, difícilmente podrás disfrutarlo, y aquí pasa un poco eso. Cuesta descifrar que nos quería contar o transmitir a través de estas canciones. Siempre con esa especie de secretismo/religioso velado, como un iniciado versado en otras ciencias ocultas que canaliza toda la información encriptándola dentro de pistas musicales.

Contraportada CD, Sex & Religion, 1993

El álbum está lleno de símbolos y claves, desde la portada hasta su contraportada, pasando por su interior, igual que pasaba en su anterior Passion and Warfare, iconografía religiosa esotérica, pistas que tendrán un cometido concreto, estarán ahí por algo, pero que yo no acabo nunca de comprender ni de asociar en esta obra que hacía la cuarta como solista.

La prueba la tenéis en que nadie sabe que género musical tocó aquí Vai, unos dicen que es rock progresivo, otros que es rock alternativo mezclado con funk, algunos, que es una fusión de todo eso más avantgarde music, en esa especie de cajón de sastre donde cabe todo y se suele meter la música "rara" y, los últimos, simplemente: Steve Vai. Como veis, es un disco indescifrable e inclasificable. En donde para muchos ahí está su grandeza y, para otros, ahí está su mayor defecto.

No cabe duda de que en este CD se juntaron unos genios de la técnica más refinada, pero que, en mi opinión, no supieron canalizar todo su potencial, entregando un disco confuso, deslavazado y demasiado diverso (los que saben le llaman ecléctico) que no nos lleva a ninguna parte. Es cierto que hay destellos de genialidad y unas interpretaciones de un nivel instrumental magistral, no podía ser de otra manera, con semejantes musicazos que se concentraron aquí. Un bajo personalísimo y mestizo a cargo del ya fallecido T.M. Stevens, acompañado por la batería del ostinato de un Terry Bozzio (compañero/alumno de Vai en Frank Zappa) y todo bañado por la voz de un jovencísimo portento musical en ebullición como era Devin Townsen, que no necesariamente todos ellos juntos tenían por que ofrecer algo de culto.

No os puedo negar que este Sex & Religion ha pasado de estar olvidado en el fondo de un cajón a llegar a disfrutarlo por momentos, pero muy lejos de la grandeza que le ven algunos. Seguramente, no soy muy fan de Steve Vai, lo reconozco, prefiero a Joe Satriani, pero sí soy capaz de comprender la majestuosidad, finura, elegancia, innovación y el interés en evolucionar la guitarra de rock que le acreditan muchos. En esta especie de reto personal y delirio musical de un Steve Vai que se creía Dios, pero que la realidad le demostró que caminaba entre hombres... Hasta la próxima, amigos.

A la memoria de T. M. Stevens (DEP).

6.5/10


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