Los que me conocéis sabéis de sobra que este álbum no es de mis favoritos de Iron Maiden. De hecho, desde que volvió Dickinson otra vez al grupo, es de los que menos tengo escuchado. Lo compré en su día (prácticamente lo hice con todos sus discos desde 1992) y se me hizo una pelota de proporciones bíblicas. Nunca le cogí el punto a este álbum. Demasiado largo y progresivo, como muy denso. En fin, que no conecto con él. Es así, no lo puedo esconder. A mí me gustan sus temas largos y épicos de los ochenta, como esas inmortales: "Hallowed by Thy Name", "Children of the Damned", "Caught Somewhere in Time" o la propia "Seventh Son of a Seventh Son". Temas que eran largos, profundos, pero divertidos y especiales. Canciones más de reposo y reflexión, pero que nunca perdían el pulso ni el nervio. Eran como historias que entendías al momento, con su inicio, desarrollo, nudo, desenlace y final. Más o menos, piezas que tenían su propio universo particular.
| Nicko en su restaurante de Florida (Rock n 'Roll Ribs) |
Decía muy acertadamente Nicko que el perder al genial Martin Birch en las producciones, con él se fue uno de los magos del sonido Maiden. Y tiene toda la razón, a lo mejor estos discos que grabaron con Kevin Shirley hubieran sido otra cosa, y toda la complejidad musical escondida en ellas hubiera tenido otra dimensión. Birch los metía a todos juntos en el estudio y los lanzaba a tocar los temas sin descanso... Pero Birch (mejor ingeniero que productor) lo dejó, Fear of the Dark, fue su última contribución a la banda y al rock. En 1992 con la salida del álbum también se fue El Malabarista de Woking (U.K.), el arquitecto del sonido de Iron Maiden para siempre.
Sabido por todos es que, a veces, los gustos de los fans no coinciden con los de la banda. Lo que para nosotros nos parece el mejor trabajo de un conjunto, en muchas ocasiones, no es para nada el mejor del grupo. No tiene el mismo criterio, el que la crea, la compone, graba y toca, que el que la recibe y solo la escucha. La dualidad: creador/consumidor. Por eso, seguramente, a los que no nos gusta este A Matter of Life and Death, se nos escapa algún detalle que sí percibe Nicko que fue partícipe grabando su peculiar batería para el disco.
El problema es que yo no soy músico, y mi opinión es desde la óptica del humilde fan. Yo no sé si el álbum tiene una complejidad especial. Si en la composición usaron técnicas innovadoras o la escala pentatónica menor, la de blues o la menor natural, si los acordes son de quinta, de séptima o suspendidos o, cualquier otra ingeniería musical que haya conllevado a una especial ejecución. Eso se me escapa, pero sí digo, que todo eso a mí (aunque lo supiera) no me supondría una mejor valoración hacia el disco. Es la sensación, la vibra, las emociones que me transmite que no son buenas y, para nada, me llevan a pesar que pueda ser el mejor disco de Iron Maiden. Estoy a años luz de esa apreciación (por mucho que lo diga Nicko McBrain).
Pero dejando un poco de lado el estado sensorial de McBrain, y entrando un poquito en materia, si me permitís, vamos a viajar a aquel 28 de agosto de 2006, que es cuando editan en casi todo el mundo este A Matter of Life and Death. Su salida supuso toda una explosión a nivel de popularidad, llevando al decimocuarto trabajo de la banda a los primeros puestos de las listas de ventas. Número 1 en muchos países y los Maiden salieron de gira tocando todo el álbum íntegramente en los conciertos. Los de Harris se lo tomaron como el título del disco: una cuestión de vida o muerte. Algo que ocurrió en la primera parte de la gira (2006) durante sus fechas de Norteamérica, Europa y Japón, para no volver a hacerlo nunca más. Estaba claro que la banda apostaba fuerte por el disco y creía ciegamente en su potencial, no así los fans, que quedaron sorprendidos al ver que los clásicos no aparecían y el grueso del concierto versaba principalmente sobre el álbum.
La crítica, curiosamente, en contraposición de la opinión mayoritaria de los seguidores, destacaron el álbum y lo calificaron como de los mejores trabajos, no solo desde la nueva vuelta de Bruce Dickinson, sino de los más solidos de toda su discografía.
En contra, el grueso de fans que esperan algo más directo y ganchero como había sido Brave New World, chocaron contra un trabajo demasiado pretencioso y ambicioso, que primaba la profundidad y complejidad de los temas en pos de un ataque más frontal y de capturar al vuelo como era algo habitual en los 80 en el seno de la banda.
| ¿Posible conexión entre los dos discos? |
Los tópicos de los fans para criticar el álbum fueron los manidos argumentos de duración excesiva de los temas, falta de estribillos, producción de Kevin Shirley un poco opaca y sin fuerza, y, la sensación general de ser un álbum excesivamente aburrido e intrincado, que no va dirigido a los fans, sino a la galería, para mayor gloria de Harris y sus chicos. Algo así como una especie de reto personal de toda la banda.
Hay que reconocer que, con los años, este álbum ha ido creciendo muchísimo en valoraciones positivas. No es porque lo diga ahora Nicko McBrain, es público y notorio que, desde hace unos calendarios, las criticas hacia él se han ido tornado en elogios, y, lo que antes eran reproches y críticas, ahora han pasado a ser virtudes y aciertos.
Otra de las virtudes fueron dirigidas hacia la madurez de los temas y a la interpretación vocal de Dickinson que, según los entendidos, hizo una labor de las más brillantes de su carrera. Reconozco que Dickinson canta muy bien, como en la mayoría de los discos que participó. No veo que aquí cante mejor que en el The Number of the Beast, por poner un ejemplo, pero tampoco voy a llevar la contraria, ya que no soy un entendido en canto.
Que si la temática del álbum está muy conseguida, en esa mezcla de filosofía e introspección en la que gira todo el disco, sin ser un CD conceptual que aborda temas tan complejos como la guerra, religión o la muerte. Las letras son muy profundas y maduras, que invitan a la reflexión y dejan un poso hondo. Bueno, bien, lo compro, aunque yo no soy un fan que me fije mucho en las letras. Y, por último, como tercer pilar característico del disco, el álbum es que de los más originales y que menos suena a ellos. Aquí no veo que esto sea una gran virtud. Si bien, se agradece que las bandas tomen riesgos y se salgan de su esquema habitual, tampoco veo que el elepé suene muy distinto a lo que han hecho siempre. Sus melodías, sus guitarras gemelas, el galope de Harris y las baterías de un solo bombo de McBrain siguen estando ahí, solo que todo está más estirado y alargado buscando otro objetivo que no es precisamente noquearnos en el primer golpe.
Si habéis llegado hasta aquí, compañeros, solo nos queda hacer la prueba del algodón y volver a pinchar el disco. No me voy a extender en él, sería muy largo y aburrido, solo os daré unas pinceladas de los temas sin mojar mucho el pincel para comprobar cómo nos sienta su escucha veinte años después y ver si todo lo expuesto más arriba se hace realidad o, por la contra, el disco adquiere una nueva dimensión.
"These Colours Don´t Run" nos trastoca todo el decorado que nos había pintado la pista inicial, hundiéndonos en una aguas muy densas y oscuras sin apenas darnos tiempo a sacar el flotador. El tema no está mal, pero el problema es la duración y la zona del puente/solos, donde para mi gusto la canción se vuelve excesivamente larga y no nos lleva a ninguna parte. Con la siguiente, "Brighter than a Thousand Suns" pasa lo mismo, esa sensación de densidad y pesadez, de agua muy fría, estancada y sin sensación de que fluya... Si con la anterior estaba deseando saltar a la siguiente, aquí esas ganas se acrecientan todavía mucho más.
Con "The Pilgrim" noto la idea de cambio de tercio, una entrada muy marcial, que parece querer romper la dinámica lenta y parsimoniosa de los inicios para darle un poquito más de velocidad a la cosa. Esta me parece de las mejores y más conseguidas del disco. "The Longest Day" tampoco me disgusta, pero volvemos a caer en el mal del que adolece el LP: le sobran uno, dos o tres minutos a la mayoría de temas.
En "Out of the Shadows" transitamos a la side B del disco, esta ya me agrada más, y es que en los temas más cortos, la banda luce, aunque sea en un corte con un tufillo a balada del "Tears of the Dragon". Cuando quieren ser los nuevos Dream Theather (ahí está la influencia de Kevin Shirley) la banda patina. Yo no los veo cómodos ni seguros, por mucho que digan que sí. Maiden no está en su hábitat, no es que lo hagan mal, pero tanta filosofía y reflexión hacen perder el pulso y el nervio a su música.
Ahora viene la preferida de nuestro protagonista, el liante de toda esta historia. Para el Sr. Nicko McBrain la penúltima de esta obra, "Lord of Light" es la joya de la corona. Sin duda, la pieza más enigmática y oscura de toda la producción. Nos quiere atraer a la luz, pero es todo lo contrario. Un tema muy misterioso que recrea una atmósfera muy inquietante bastante conseguida. No quiero darle la razón a Nicko, pero en esta ocasión coincido en que estamos ante una de las mejores. Si esto va de hacer un disco raro y extraño, aquí tenemos una buena contribución. Contraste de ambientes y una parte del estribillo muy evocadora para redondear un canción de las más alejadas del universo Maiden.
Y ya finalizamos con "The Legacy", la más épica y casi la más larga del álbum (le faltan cuatro segundos), en la mejor tradición de sus discos de los 80, donde remataban con la pieza más extensa. Si no la conociera os diría que es la típica canción de Harris, pero ese repiqueteo de las guitarras es muy de la marca de Gers, de hecho la firman las dos. No me parece un mal tema, muy medieval y bélico, de contienda guerrera que parece querer llevarnos al campo de batalla. El caso es que, es un tema profundamente antibélico y en contra de las guerras como toda la idea general del disco.
Mi valoración final es que si bien no se puede decir que sea un mal disco, tampoco creo que sea para tanto. La obra se hace reiterativa y monótona en insistir en un esquema musical demasiado extenso que puede llevar al aburrimiento. Me da la impresión de que hay una sobrevaloración y cierto cuñadismo por parte de algunos, que se quieren sumar a la moda de decir que el disco es la hostia, cuando no hace mucho, decían lo contrario. Yo sigo en mis apreciaciones de que hubiera ganado mucho más con una duración de temas mucho menor, ese me sigue pareciendo el mayor defecto del álbum: la duración excesiva de las canciones. Hay buenas intenciones, ocurrencias, partes, ideas, riffs, melodías que, para mi gusto, se arruinan en querer extender las canciones sin haber motivo aparente para hacerlo más sofisticado y presentar a unos Iron Maiden 2.0, que no funcionan.
| Iron Maiden en 2006 |
Creo que ha quedado claro que, para mí, este A Matter of Life and Death no es el mejor disco de Iron Maiden, ni de lejos, vamos. Ni estaría entre los diez mejores de ellos. Después de 20 años mi acercamiento hacia él me ha dejado casi la misma impresión que cuando lo escuché en su día: la de no poder llegar hasta al final y querer quitarlo para poner otro. Estos no son los Iron Maiden que a mi me gustan. Los que me hicieron enamorarme de sus historias, portadas y su mascota, quedaron para siempre atrapados en los 80. Hasta la próxima, amigos...
6.5/10
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