viernes, 7 de agosto de 2026

Nuclear Assault: los olvidados del thrash norteamericano...

 

Más allá del famoso e idolatrado Big Four norteamericano, se quedaron olvidadas infinidad de bandas. Hoy, os propongo recordar a una de ellas, a los neoyorquinos de Nuclear Assault. Una banda maldita, que encarna muy bien lo que es quedarse siempre a la sombra de los grandes del estilo a pesar de tener un sonido característico y una discografía corta, pero de calidad. Fracasaron comercialmente, pero no así a nivel artístico, donde dejaron unos cuantos discos que todavía resuenan en la mente de los que amamos el thrash metal. Los Nuclear Assault no alcanzaron el éxito masivo, pero sí quedaron como una banda de culto, pionera y de las más combativas del thrash estadounidense. ¿Estáis preparados para un verdadero asalto nuclear...?


Siempre que abordo a esta gente me acuerdo de lo que decía un buen compañero mío, gran metalero y mejor persona, de que estaba completamente convencido de que si estos tipos hubieran debutado antes, hubieran sido  una banda mucho más grande. Bueno, supongo que a veces nuestro amor por un grupo nos hace agarrarnos a lo que pudo haber sido y no fue. Perdemos el foco y nos volvemos demasiado nostálgicos. La realidad se confunde con nuestros deseos y en nuestro afán de encumbrar a una banda, buscamos otros culpables y no somos capaces de aceptar lo que de verdad ocurrió.

Nuclear Assault en 1986
Yo tengo que empezar diciendo que para mí su mejor disco no es ni el debut, Game Over, ni tampoco el reconocido como su trabajo estrella y clásico, la obra maestra para muchos de estos fulanos, Survive. Así que este humilde servidor va a romper el molde por su tercera placa (ya sabéis que soy un poco raro), el Handle With Care, que es para mi gusto, su mejor elepé a todos los niveles: sonido, producción, composición y ejecución. Me parece su primer disco de verdad, aparte de ser su trabajo más maduro y serio, pero claro, hablamos de que esta gente alcanza su cénit artístico en un año 1989 cuando el thrash metal era desplazado sin piedad por un death metal demoledor, una música más agresiva, que se alzaba como los nuevos reyes del metal extremo.

El reloj nunca les jugó a favor, está claro. Iban tarde y, aún por encima, debutan en 1986 en medio de la salida de la mayoría de las grandes obras maestras del género. Antes de que saliera Game Over, ya estaba en las tiendas de todo el mundo vendiéndose como churros el Master of Puppets de Metallica, meses después, Dave Mustaine con sus Megadeth presentaba Pease Sells..., y, para más fatalidad e infortunio, Slayer edita Reing in Blood un siete de octubre de ese mismo año que coincide con el mismo puto día que los Nuclear Assault sacaban su primer disco.

No se podía empezar con más competencia. Tres masterpieces que marcaban la pauta del thrash ya estaban en la calle y, junto a ellas, Anthrax, sus paisanos, ya tenían Spreading the Disease descargando su "Madhouse" por todos los rincones, igual que Testament, bueno, estos no, todavía no habían debutado, cierto (de todos los grandes, de los pocos que no lo habían hecho) pero si hasta los Overkill ya habían mojado con Feel the Fire. La cosa estaba complicada, pero tampoco era excesivamente tarde para asomar la cabeza y tratar de coger un trocito de la gran tarta del thrash metal.



Ese no creo que fuera el mayor problema que tuvieron estos músicos. Influyó, por supuesto, pero en realidad había otros factores que marcaron a estos Nuclear Assault y los llevaron por un camino erróneo que no les condujo al éxito. En verdad ninguna banda de thrash de New York lo consiguió. Solo Anthrax fueron los que más arriba llegaron, pero tanto Carnivore como Toxik tampoco alcanzaron un gran estatus, ni tan siquiera las bandas que provenían de New Yersey, con los Overkill como máximos abanderados, alcanzaron un nivel comparable a algunas bandas de la Bay Area como Megadeth, Slayer o Testament, ya no digamos Metallica, que fueron un auténtico trasatlántico inalcanzable.

Los Nuclear Assault fueron un ejemplo claro de que a veces el nacer en un país rico y en una ciudad como New York que, por los años 80, era un hervidero de músicas, sonidos y culturas, (el metro iba lleno de grafitis, el hip-hop, los conciertos de punk y hardcore en la CBGB, etc.) no te aseguraba el 100 % de que lo fueras a conseguir. Cierto es que, tomaran muchos a ver logrado lo que consiguieron los de Dan Lilker, el bajista loco y fumeta, más alto que un día sin pan, que montó estos "asaltadores nucleares" después de haber grabado el primero de los Anthrax, Fistfull of metal, y, posteriormente, ser expulsado, cuatro días antes de que publicaran el disco, al parecer, por no gustarle nada al vocalista que llevaban de aquella los de Scott Ian, el Sr. Neil Turbin, porque decía que sentía celos de Lilker al ser este más alto y robarle protagonismo en el escenario.

Aquí volvemos a encontrarnos cómo de una controvertida decisión, surge una nueva banda. Anthrax siguieron su camino sin Lilker y, posteriormente, también sin Turbin, lo que no impidió fue que el expulsado montara estos Nuclear Assault, una de tantas que fundaría o cofundaría (Brutal Thruth, entre otras...) a lo largo de los años, aunque estos Nuclear Assault sería una con las que más fama y popularidad alcanzó.

Con Dan Lilker hablamos de uno de los personajes fundamentales de esta banda y también de la escena neoyorquina del thrash/hardcore americano, pero con la salvedad de que este tiró más por un hardcore punk, urbano y callejero, más comprometido con las causas sociales y climáticas, que había brotado con fuerza en la ciudad de los rascacielos en formaciones tan míticas como los Agnostic Front, que los llevaron a ser acuñados como de crossover thrash o, simplemente, crossover. Aquí nos topamos con otra clave que pudo influir negativamente en estos Nuclear Assault. Y fue esa influencia del hardcore punk que siempre marcó a la banda. Se nota especialmente en su primer álbum, ese nervisoso Game Over, que aparece a finales del 86, cargado de furia y agresividad punk, mezclada con algo de thrash, un disco explosivo y fresco, que encarna a la perfección el lema: vive, sufre y muere... dejaba entrever que estos tipos iban recorrer y a desarrollar el camino de lo que luego se empezó a llamar crossover.

Después de este rabioso, Game Over, vino un mejor producido, Survive, donde la banda volvió a tomar una decisión controvertida, por lo menos, arriesgada, donde decidió romper el contrato con los de Combat Records (sello bastante potente de la época, especializado en Heavy Metal) para firmar con los de I.R.S., que estaban más centrados en bandas de rock, que en grupos de thrash metal, pero sí que tenían un canal propio en la MTV, donde emitían videoclips de las bandas que tenían en el sello.

No sabemos por qué la banda tomó esta decisión. Si fue como cuenta la leyenda que estaban muy presionados por los de Combat, si se debió a su inexperiencia en estos temas o es que estaban mal asesorados o llevados por el management. El caso es que, con la nueva casa, el disco sonaba mejor y pudieron contar con la producción de un Randy Burns que ya había producido el Pease Sells... de Megadeth o todo un Seven Churches de Possessed lo que les brindó una calidad de sonido más profesional y con categoría.

La banda seguía progresando y llegados a 1988 empezaban a sonar como una banda más profesional y seria. Survive superó en ventas al debut, embarcándolos en una gira por EEUU y Europa como teloneros de los Slayer. Aquí Nuclear Assault seguía engrasando las piezas, mezclando el hardcore punk navajero y sucio con el thrash, acoplando la maquinaria para lo que sería su, para mí, inminente y verdadero asalto nuclear. 

En 1989, tan solo un año después, salía a la calle Handle Witch Care, el elepé más redondo y certero de estos tipos. Un auténtico abordaje a una central nuclear que había que manejar con cuidado, porque dentro de sus casi 35 min iba nitroglicerina pura en forma de riffs. Hasta entonces Lilker y sus muchachos presentaban una música fresca, pero demasiado caótica y deslavazada. No fue hasta que llegaron a su tercer trabajo, cuando consiguieron equilibrarlo todo y dar la pausa necesaria en los temas, para que su música de una vez, adquiriera personalidad y empezáramos a hablar del verdadero sonido Nuclear Assault

Mítico fue el videoclip de la segunda del disco, "Critical Mass" que la MTV emitió sin descanso durante ese año y donde su bajista, el loco y porreta Dany Lilker, salía con una (premonitoria) camiseta de los Sepultura. Toda la banda estaba en un nivel casi master. Por fin habían dado con la receta casi perfecta de cómo se mezclaba todo eso que ellos ayudaron a crear y que años después otros emularon de forma casi idéntica. Hablamos de los Muncipal Waste, por ejemplo, uno de tantos grupos que siguieron la estela dejada por este Handle With Care, que significó su disco más exitoso, pero también el principio de su fin. 

Aquí terminaba la considerada como etapa clásica de la banda para adentrarse en los difíciles años 90, que estaban a punto de derretir al heavy metal para convertirlo en papilla venida de Seattle. Los Nuclear Assault habían dejado de girar por los states y por Europa para llevar sus trastos y su música acelerada y violenta a las calles y garitos de Japón. La tierra del Sol Naciente también recibió sus riffs y alaridos desquiciados de un auténtico enajenado mental como era John Connelly, el segundo pilar fundamental del grupo, profesor de secundaria (historia) y exroadie que, junto con Lilker, habían montado esta alocada historia tras ser expulsados de mala manera de los creadores de Spreading the Disease, cuando aún estes no eran nadie y Connelly era el que les ponía las guitarras a punto mientras estos se dedicaban a follar groupies en el backstage. 

Con unos Nuclear Assault medio disueltos, reventados de tanto girar, agotados de tocar su exigente primer disco y el resto de trabajos, editan en 1991 su cuarto álbum, Out of Order. Un LP grabado en un clima de mal rollo, engendrado de mala manera, entre discusiones y peleas de Connelly y Lilker, que dejaba entrever que las cosas entre ellos no iban bien. Todo se reflejó en un vinilo plano y aburrido, demasiado lento y con escasez de ideas, que no pateaba culos y quedaba muy encogido en comparación con lo que habían grabado anteriormente.

Dos años después, en 1993, tratan de resurgir con algo más moderno y más actualizado, Something Wicked, que sonaba más convincente y seguro, como algo a medio camino entre los Fight de Rob Halford y un thrash groove de la época, pero el problema es que ya no estaba Lilker con ellos, el amante de los canutos, se había largado para centrarse en sus Brutal Thurt, y colaboraciones como en los grindcorianos e Exit-13, donde tocó el bajo, por su puesto, los teclados y samplers.

Hasta aquí llega la historia de estos pioneros del thrash/hardcore americano. Después vendrían nuevas resurrecciones y regresos, algunas con distintas formaciones, pero ninguna consiguió volver a recuperar el espíritu tan gamberro, rebelde y transgresor que tenían estos nacidos en algún distrito de New York. Seguramente, les faltaron muchas cosas, un Master of Puppets o un Rust in Peace, un disco realmente grande que nunca consiguieron, pero también cometieron muchos errores. Su debut tardío no creo que fuera su mayor problema (lo siento por mi buen amigo), tal vez su estilo era demasiado violento y agresivo, unas personalidades alocadas y mal avenidas, junto con numerosos cambios de discográficas y mala gestión de sus potencialidades, ya fueran propias o ajenas, los llevaron a quedar en el olvido para la historia de los grandes del thrash estadounidense.  


Se quemaron muy rápido. La intensidad y furia de su música, con unos directos totalmente incendiarios y devastadores no fue suficiente para colocarlos en los primeros puestos del Billboard. Solo cuatro llegaron al Big Four, los demás corrieron diferentes suertes. A Nuclear Assault le tocó el olvido del mainstream, pero no así en los corazones de los metaleros, que todavía los recuerdan como unas verdaderas leyendas del thrash. Ver en directo en el Hammersmith Odeon en 1989 a un auténtico poseso como era John Connelly, vestido con un pantalón corto y meneando su melena (un Angus Young del thrash metal), secundado por un enorme Dan Lilker, sigue siendo un visionado muy recomendable para recordar que su asalto nuclear fallido no acabó con su rabia. Hasta la próxima, amigos... 


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