viernes, 4 de septiembre de 2026

20 años del disco del eclipse de los Amorphis: el renacer de los Pink Floyd del death metal...

 

En el mundo del metal también hay sus eclipses. Un buen ejemplo de álbum relacionado metafóricamente con ese acontecimiento astronómico tan reciente, es este séptimo hijo que nos brindaron las leyendas finesas del death metal más folk y psicodélico. Eclipse, así se llamó la primera obra que sacaban con Tomi Joutsen a las voces y que significó el renacer de su segunda juventud. Asombraron a todo el underground extremo con aquella obra maestra llamada Tales from the thousand Lakes, pero después, su evolución se fue alejando cada vez más de su sonido death para abrazarse a los ambientes más folk y pink floyianos. Una transformación que no gustó a muchos, pero que sí los afianzó como una de las bandas de metal más punteras venidas del país de los mil lagos... 


1. Two Moons (03:22)
2. House of Sleep (04:10)
3. Leaves Scar (03:38)
4. Born from Fire (03:59)
5. Under a Solil and Black Stone (04:13)
6. Perkele (The God of Fire) (03:31)
7. The Smoke (03:39)
8. Same Flesh (04:40)
9. Brother Moon (04:47)
10. Empty Opening (05:48)

Produced by: Amorphis
Nuclear Blast, 2006

Para los que nos enamoramos de esta banda en los principios de los 90 con su death/doom melódico y gótico, de mucha atmósfera y ensoñación, sentimos que su transformación en una banda de mayor aceptación popular los alejada cada vez más de esas raíces death que tanto nos habían enganchado a principios de la década noventera. Amorphis son probamente de las pocas bandas finlandesas que nacieron en el underground extremo y se convirtieron en una de las agrupaciones que más crecieron y traspasaron el metal de su país. Estamos pues, ante uno de los fenómenos musicales del metal finlandés en la década del puente digital, algo así a lo que fueron Stratovarius en el power metal o Nightwish en el metal sinfónico, pero a escala death.

El crecimiento musical que experimentó esta gente fue realmente espectacular. Algo ya se barruntaba desde sus inicios que estos finlandeses tenían un potencial enorme. Desde su primer álbum, The Karelian Isthmus, de 1992, en medio de los misterios del grial y el abrazo negro de sus melancólicas, pesadas y tristes melodías, dejaban entrever que estos helsinguinos se movían en unas coordenadas musicales distintas al resto. Pero no sería hasta cuatro años después, cuando sacaron Elegy, su tercer disco, donde la etiqueta death/doom se les vio claramente sobrepasada y reducida a un gueto del que ya no eran moradores. 

Muy influenciados por su cultura y tradiciones finesas, siempre conectaron sus letras y temáticas con sus leyendas y epopeyas nacionales. El Kalevala, un libro de poemas épicos transmitidos de manera oral de generación en generación, sirvió para ambientar su segundo disco, ese que ya os he hablado, que supuso darlos a conocer en toda la escena europea death metalera. El éxito cosechado por este elepé, los llevó a seguir explorando sus leyendas y empezar a mezclarlas cada vez más con el folk y el rock setentero más psicodélico, hasta llegar a 1999 y presentar, Tuonela, su cuarto trabajo, para destaparse ya sin ningún tipo de disfraz como un grupo que había trascendido la etiqueta limitante y marginal del death para llegar a unas mayores audiencias y públicos.

El rugido de sus guitarras y de sus voces de ultratumba se fue apagando para ir dando paso a los teclados hammond, instrumentos de viento, panderetas, acordeones, saxofones y sitares, que fundían melodías exóticas entre mixturas de juegos de voces agresivas con claras, puliendo su oferta en una especie de metal/folk progresivo con mucha carga melódica e intensidad rockera. Se podría decir que, poco a poco, fueron perdiendo en brutalidad, pero ganando en intensidad. 

Interior LP "Eclipse", 2006
A mí me costó mucho adaptarme a su nueva conversión, supongo que a todos los que veníamos de su etapa más extrema. En realidad, la energía de su música seguía estando ahí. Era más accesible y suave, más comercial si queréis, pero algo no funcionaba cuando a los fans de la vieja escuela como yo, nos echaba fuera y el reproductor expulsaba la bandeja de entrada con el mensaje de NO DiSC. A nivel musical la banda había ganado muchísimo, no se puede negar. Su música era más rica y profunda, trufada de arreglos. La calidad en las producciones les ayudó mucho, esa pulcritud en el sonido, perfectamente ecualizado, en una combinación perfecta entre grave y agudo, transformaban su música en una bomba de sabores y colores llenos de información musical que eran capaces de llevarte por casi cualquier rincón del rock, pasado o presente. Dentro de este Eclipse hay reminiscencias de rock progresivo, heavy metal, death, gothic y un toque de psicodelia setentera que siempre planeó sobres sus obras.

Si hacemos una síntesis sosegada y sin complejos, en este Eclipse puede que esté el sumun de la fusión de sus dos etapas. La más extrema con la más comercial. Su death/doom melancólico con el rock/folk psicodélico, en un hibrido de disco que los modernizaba y los preparaba para afrontar los siguientes años. Hay quién los cataloga como "Los Pink Floyd del death metal" y no me parece en absoluto una etiqueta muy equivocada. De hecho, hasta suena bien y me gusta. Me parece una forma muy completa de definirlos.

Seis músicos eran los culpables y los que componían la banda de aquella, el gustazo de comprobar que todavía continuaban su pareja de guitarristas originales, los buenos; Esa Holopainen y Tomi Koivussari, también su batería de sus inicios, Jan Rechberger, pero, en la tristeza de ver que ya no seguía su teclista mágico del Tales... el gran Kasper Martenson, que había compuesto la intro de ese disco pero, sobretodo, la melodía de teclado del tema "Black Winter Day", uno de sus más sonados y recordados de sus primeros años.

La carta más arriesgada del álbum era la incorporación de un nuevo frotman. Tomi Joutsen que sustituía a las voces y en la imagen del grupo al  Pasi Koskinen que había sido su vocalista principal desde su álbum Elegy. Este cambio es uno de los puntos de inflexión en la carrera de estos oriundos de Helsinki, y el que obró, en parte, una nueva resurrección metálica de la banda. Un músico netamente vocalista, pero también guitarrista y compositor, que parecía el último mohicano. Gran amante del And Justice for All de Metallica y del death metal de la Bay Area, solo por esto, sobran las palabras y se entiende todo. Cuando en una entrevista dijo que su disco favorito de la banda era el Tales From the Thousand Lakes, supe que este tipo era uno de los nuestros.

Se podría decir que los Amorphis habían metido a su Andi Deris particular, en una aproximación a lo que había sido este para los Helloween en 1994. Este hombre les dio una nueva vida y una dirección musical otra vez enraizada en el metal. Lógicamente, la banda no iba a volver a los tiempos del death metal crudo y gutural de sus inicios, pero sí les hizo reconducir la nave y volver por el sendero de las guitarras potentes.

En su carisma pero, especialmente, en su mayor amplitud y rango vocal, defendiéndose tanto en terrenos limpios como graves y agresivos, fue en donde se apoyó este nuevo renacer del grupo.  "House of Sleep" fue su hit, su tema de más gancho y comercial, pero más allá de este corte tan directo, el álbum esconde verdaderas joyas. La inicial "Two Moons", "Perkele (The God of Fire)" o "The Smoke", son excelentes composiciones donde el vanguardismo musical se funde con sus tradiciones para llevarnos a estos Amorphis del siglo XXI, seguros y lanzados al éxito (No dejéis de escuchar la de "Empty Opening" una delicia musical para cerrar este Eclipse). 

Si sois de los que renegasteis de la banda tras la salida de Elegy, me permito tomarme la licencia de recomendaros que le deis una oportunidad a este Eclipse (los dos empiezan por E), un disco que bien pudo ser la continuación de aquel, y, haberse saltado de un plumazo los muy raros y demasiado experimentales; Am Universum y Far from the Sun, que fue donde la mayoría de sus fans clásicos tiraron la toalla y se olvidaron de ellos.

Eclipse puede ser visto como un back to the roots a su manera. Una forma de cerrar un ciclo y abrir otro o, simplemente, empezar a explorar otra vía, pero volviendo a conectar sus guitarras Gibson a sus amplificadores Marshall (ya sabéis, los amplis del metal).

Hay bandas que nacen en un estilo y mueren en él, y otras, siguen evolucionando y son capaces de llevar su música a otras dimensiones. Algo así hicieron estos Amorphis. No quisieron acomodarse ni quedar de forma perpetua metidos dentro de un mismo nicho musical. No hay nada de malo en querer buscar el éxito y la fama, en el fondo todos lo deseamos. La diferencia está en hacerlo de manera fácil y oportunista, o hacerlo de forma elegante y con calidad como creo que lo hicieron estos finlandeses. 

Yo, desde mi lado egoísta, siempre seré fan incondicional de su primera etapa, pero entiendo que esta gente quisiera vender más discos y tratara de tocar delante de más gente. Sus etapas están ahí. Todas me parecen igual de buenas e interesantes. Acordaros de los Paradise Lost, siempre mutaron la piel, y en todas salieron ganadores y victoriosos. Amorphis habían llegado a 2006 a una nueva encrucijada personal. A ese punto del camino donde se produce el eclipse y el sendero se divide en dos: o coger el camino de vuelta, volver al punto de partida, más seguro y cómodo (muchas bandas lo hacen) o, seguir la fórmula presentada aquí, más incierta y con más riesgo... Al final, el camino que vale es el que eligen siempre los fans. Hasta la próxima, amigos.

7.5/10


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