domingo, 5 de julio de 2026

Masterplan - Metalmorphosis: el regreso de Roland Grapow con su nueva metalmorfosis...

 

Tras trece años sin sacar material nuevo regresan los Masterplan del exHelloween, el Sr. Roland Grapow, para seguir enchufando su guitarra y convencernos otra vez que la banda que montó en 2001 después de haber sido expulsado de las calabazas de Hamburgo, todavía sigue viva y dispuesta al combate para seguir apostando por su power adulto y de calidad. Sin Jorn Lande a las voces, esta nueva aventura apuesta por Rick Altzi en sustitución del noruego, y, por los habituales, el exStratovarius al bajo, Jari Kainulainen, a los teclados, Axel Mackenrott, y, a la batería, como integrante más nuevo, el rompeparches, Kevin Kott. Este es el equipo de Grapow para obrar la metalmorfosis y volver a cruzar la tormenta como si fueran unos auténticos aeronáuticos...


1. Chase the Light (05:51)
2. Electric Nights (04:40)
3. Shadow Man (03:52)
4. Bound to Fall (04:21)
5. Pain of Yesterday (04:52)
6. Metalmorphosis (05:28)
7. Through the Storm (04:15)
8. Ghoslight (04:47)
9. The Call (08:15)
10. rise Again (04:18)

Produced by: Roland Grapow
Frontiers Records, 2026

Todos conocéis la historia de cómo surgió esta banda. Montada originariamente como un proyecto paralelo mientras los Helloween de Michael Weikat grababan su noveno disco, el oscuro y misterioso The Dark Ride, parece ser que al líder de aquella de los creadores de los Keeper no le gustó la orientación tan oscura tomada con el álbum de la calabaza negra, por lo que este optó por expulsar del grupo al Grapow y Kush como máximos culpables de esta felonía. Finalizaba así, una formación que había dado grandes discos. Desde la salida del rubiales y guaperas, Kiske y, la posterior entrada del ex Pinck Cream 69, Deris, los Helloween habían conseguido remontar el vuelo y volver a ser una banda respetada. Ahí están esos indestructibles, Master of the Rings, The Time of the Oath, Better than Raw y el denostado por Weiki, The Dark Ride, que, según palabras de este, no encajaba en la idea musical feliz y happy que tenía para las calbazas el Sr. Michael Weikat.

Grapow y Kush, lejos de quedar solos y olvidados, lamiéndose sus heridas, se tomaron su merecida venganza y lo que iba a ser un mero proyecto paralelo, tomó forma en un grupo serio a tiempo completo. En cierta forma, tenemos que darle las gracias a Michael Weikat por haberlos echado. Gracias a su decisión nació Masterplan. Cuando se cierra una puerta se abre otra, y qué gran puerta se abrió, amigos. No solo por dos buenos discos que nos brindaron, sino porque esta banda fue el trampolín para dar a conocer al gran vocalista noruego el Sr. Jorn Lande.

Supongo que el tío Weiki se equivocó estrepitosamente, en su afán y ego desmedido de querer esculpir Helloween a su imagen y semejanza, acabó con la trayectoria ascendente que llevaban las calabazas. Es totalmente público y notorio que, tras la salida de Grapow y Kush, Helloween ya no fueron los mismos. Pero hoy no venimos a hablar de los Helloween posGrapow, sino de los Masterplan que, tras bastantes años, vuelven a editar material discográfico.

Para los que son amantes de este grupo, consideran sus dos primeros álbumes, como dos trabajos de un buen power metal. Tanto su propio disco homónimo de 2003, como su segundo plástico, Aeronautics, de 2005, significaron su merecida revancha y, para mi gusto, dos mejores discos en comparación con lo que venían editando los de Michael Weikat por aquellas fechas. No me parece que tanto el disco del conejo como el nuevo intento de emular la esencia de los Keepers, Keeper of the Seven Keys - The Legacy, estén a la altura de los dos primeros de Masterplan. Visto así, quedó claro que Helloween perdió y, Grapow y Kush, ganaron. Yo así lo veo y entiendo. Para mí hay un claro nuevo tiempo a peor dentro del seno de las calabazas tras la salida de estos dos.

Sin ser yo un gran fan de Masterplan, reconozco a sus primeras obras mucho mejores discos que lo que ofrecían los renovados Helloween del tío Weikat. Tanta obsesión por encorsetarse en un tipo de sonido feliz (happy metal), divertido y jovial, de luz, hizo a las calabazas de Hamburgo una banda aburrida y previsible, que ya no sorprendía.

Estaba claro que el futuro era Masterplan. Un grupo más interesante con un gran cantante que tenía algo nuevo que ofrecer. Cómo olvidar esa intensa y emotiva, a ratos oscura y etérea, "Back for my Life", el inicio de su debut con el himno "Spirit never Die", o, la metalera "Headbangers Ballroom", que iba dentro de esa portada donde salía una cabina de un avión en llamas.

Aquí, en cierta forma, hay esa intención de recuperar la magia que tenía esta banda a principios de los dos mil. El problema es que no está el Jorn Lande. Vuelven con el sueco Rick Altzi (At Vance, Sandalinas, etc) que ya estuvo con ellos desde los tiempos del Novum Initium, en una época donde el grupo claramente había pasado sus mejores años. Y es que sin la presencia del carismático Lande en sus filas, este grupo pierde mucho de su encanto. Si algo tenían estos Masterplan era el placer de poder ver al noruego como cantaba esas "Crimson Rider", "Enlighten Me", "Heroes" (a duo con Kiske) o "Crystal Night", que es donde el poderoso vocalista nórdico alcanzó la fama mundial y llevó a estos "Plan Maestro" a realizar giras por todo el planeta.

Con el nacido en la pequeña localidad de Rjkan (Noruega), tanto Grapow y Kush, por lo menos, durante un par de años (del 2003 al 2006), consiguieron devolverle el portazo a un Weikath, que miraba con cara de pasmado (siempre la tuvo) como dos de sus mejores hombres le habían birlado la cartera. Pero ya sabéis cómo son los genios, y más cuando hay mucho gallo en el mismo corral. Los egos tanto de unos como de otros impiden que una banda progrese sin que cada uno quiera darle darle su toque personal y distintivo. Al fin y al cabo, Helloween, en ausencia de Kai Hansen, es de Weikat, ni más ni menos, y, si el resto de componentes no asumen su rol de secundarios, ya saben donde tienen la puerta de salida.

Roland Grapow regresa tratando de hacer volar de nuevo a sus Masterplan vendiendo una metalmorfosis, que no es tal y lo que más bien nos ofrece es toda una vuelta a las raíces. Al sonido que tanto entusiasmó al power europeo de principios del nuevo milenio con su disco debut, y, que con este nuevo trabajo, trata de revivir. Desde la primera pista de este nuevo elepé hasta la última, todo es muy cercano y familiar. Son los Masterplan reconocibles, pero sin la voz de Lande ni la batería de Kush, que también abandonó el barco tras la salida del disco aeronáutico.

Esa mezcla de power melódico, teclados, sinfonía y un toque de progresivo que tan bien han sabido hacer resuena otra vez en cada recoveco de estas diez composiciones. No han perdido la elegancia y la clase de ser una banda con calidad y pedigree que siempre se les presupone. Rick Altzi, el de los At Vance, puede que no sea un vocalista a la altura de Lande (desde luego no lo es), pero aquí cumple muy bien, y por sus contribuciones no habrá tacha ni mancha alguna. Otra cosa es que busquemos la reinvención de la rueda, una frescura renovada o una sorpresa musical que este Metalmorphosis no os va a ofrecer.

Esta es una vuelta clásica, pero afianzada en las armas que los hicieron grandes. Yo lo veo como un nuevo comienzo con esperanzas de poder volver a recuperar la grandeza que tuvieron en los primeros discos. Es un álbum de regreso, sin grandes sobresaltos, disfrutable, donde se ve a una banda trabajada, cohesionada, que saben cómo funciona todo este tinglado.

La primera cara me parece la mejor, desde el inicio con "Chase the Light", una de las mejores canciones que han grabado desde hace bastantes años, siguiendo con una melódica "Electric Nights", pasando por una más moderna y gótica "Shadow Man", esta nueva resurrección de Grapow y sus muchachos es una apuesta muy sólida y convincente. Quizás en la segunda parte del disco la inspiración no sea tan brillante, más metálica y poderosa, pero más plana y previsible. Y eso que la propia homónima del álbum se alza como una composición muy seria, con una linea vocal muy lograda y emotiva, que demuestra que el exHelloween sigue conservando su finura y maestría en la composición. Todo fue grabado, mezclado y masterizado por el propio Grapow y editado por los italianos de Frontiers Records para volver a poner al tío Roland y a sus escuderos otra vez sobre su propio avión. 

Sin Lande ni Kush podría parecer esta vuelta del Roland Grapow una reunión un poco descafeinada. Cuando empezaron eran un supergrupo, ahora no lo son tanto, pero si son más viejos y más sabios. Igual que pasaba con los Lex Legion (que os reseñé la semana pasada) son gente tan curtida que con poco se montan un disco molón. Es esa habilidad que solo tienen unos pocos de construirse un disquito, aunque sea en piloto automático, y venderlo como algo interesante. Si os gusta el estilo y la banda, este álbum es confiable y seguro, sin riesgos, con la intención de recuperar a los viejos fans despistados y, sobretodo, con el tiempo, quién sabe, si de enrolar a muchos más. Hasta la próxima, amigos.

7/10

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