viernes, 6 de noviembre de 2026

Judas Priest - Point of Entry: cómo reinventarse después de British Steel...

 

Después de un enorme éxito como supuso la salida de British Steel, el siguiente paso debería haber sido su consagración definitiva o, por lo menos, igualar el cofre conseguido. No había reto ni hazaña más peligrosa que dar continuidad a uno de los discos más míticos del heavy metal mundial. Lo más fácil hubiera sido repetir la fórmula, seguir el camino trazado, pero los Judas Priest decidieron simplificarlo todo y hacerlo más accesible y fácil. Eligieron a España como lugar de grabación y se plantaron en los Ibiza Sound Studios para obrar el milagro de seguir siendo los sumos sacerdotes del metal. 


1. Heading Out to the Highway (03:46)
2. Don´t Go (03:17)
3. Hot Rockin' (03:15)
4. Turning Circles (03:39)
5. Desert Plains (04:31)
6. Solar Angels (04:01)
7. You Say Yes (03:25)
8. All the Way (03:38)
9. Troubleshooter (03:56)
10. On the Run (03.42)

Produced by: Tom Allom
CBS, 1981

La verdad es que durante años tuve un dilema muy gordo con este disco. No sé si estaba ante una obra maestra, un álbum de transición o una completa cagada. Seguramente, en el medio de todo eso estaba el punto más aproximado. Es complicado enfrentarte a una banda que has amado tanto durante los años. Si con Iron Maiden tenemos el lado más épico del heavy metal, con los Judas Priest estaríamos ante su lado más metálico y afilado. Dos grupos distintos, pero complementarios, que ayudaron y definieron la personalidad del Heavy Metal. El problema es que si bien en 1981 los primeros todavía no eran el coloso en el que se acabarían transformando, los de Rob Halford ya eran una banda sólida y consolidada, con seis discos sobre sus espaldas, montones de billetes y sus chupas de cuero curtidas de giras mundiales.

¿Por qué se arriesgaron con algo como este Point of Entry?, ¿y más, por qué decidieron venir a Ibiza a grabarlo? La primera vez que hacían las maletas y grababan un disco fuera de su Reino Unido natal. La fiesta, el desenfreno, alcohol y mujeres, el libertinaje pudo ser un reclamo, cierto, el cual, según las leyendas, corrían sin control por la isla de Eivissa en aquellos primeros años de la transición española, donde esta isla balear se había convertido en el epicentro de la movida nocturna de las discotecas, la música techno, los bohemios, millonarios, cazafortunas y maleantes de toda clase y pelaje. Sexo, droga y las mujeres más bellas de Europa se podían ver ligeras de ropa (aunque esto no creo que le importara mucho a Halford) convirtiendo todo aquello en una ciudad sin ley, un lugar donde todo valía y las autoridades hacían la vista gorda...

Parece ser que el armadanzas de todo fue su batería de aquella, el ya fallecido, Dave Holland (más tarde se haría el dueño de los mismos), que convenció al resto de componentes, sobretodo a Halford y Tipton, para coger los bártulos y sacar los billetes de avión para probar fortuna y degustar las noches de desenfreno y pasión en ese trozo de isla balear. De ahí puede venir el aire festivo y desenfadado que tiene el álbum. Los Judas pasaron de un sonido pesado, heavy y metalero, a algo más cercano a un hard rock relajado, burlón y pasota. Muchos dicen que el disco suena y sabe a cigarrillo americano. Intención total de la discográfica, CBS, que quería por todos los medios penetrar con fuerza en el mercado yankee. 

Inauguración de los Estudios Mediterráneo (fijaros en esa niña, mal presagio)
Antes de entrar en harina, no cabe duda de que el disco se abre con un temazo. "Heading Out to the Highway" es un corte arrollador, de las mejores me atrevería a decir de toda su discografía, pero después de semejante pelotazo, un tema eufórico con un estribillo apoteósico, muy metálico, la cosa daba la impresión de que se convertía en algo totalmente inesperado. No sé si es por el estilo más rockero o es que las piezas realmente no daban la suficiente talla, pero de un trallazo inicial, un hit en toda regla, la escucha te montaba en una especie de montaña rusa, en donde surgían algunos chispazos de genialidad ("Desert Plains" o "Solar Angels"), pero el resto parecían descartes o ideas olvidadas de algunas sesiones de grabación anteriores. 

Es curioso lo de este elepé. Siempre me chocó ver a todos unos Judas Priest que ya eran unos grandes, unos tipos con mucha pasta, que podían grabar en cualquier estudio mundial y con el productor que quisieran, se plantaran en medio de la nada, en un paraje apartado, donde apenas tenían luz eléctrica, en muchas ocasiones, sufrían cortes de luz (contado por el propio Ian Hill) y donde todo era un lugar que distaba mucho de estar preparado para recibir a una banda del nivel que ya atesoraban los creadores de Sad Wings of Destiny.

Dave Holland (centro) con Fortu y Paco de Obús, años 80, estudios Mediterráneo

Igual todo es más sencillo de lo que pensamos. Muchas veces los artistas son tipos muy excéntricos y raros, que deciden tomar decisiones ilógicas para personas normales como nosotros, pero que en su mundo particular tienen toda su lógica. La verdad es que no se puede decir que el disco suene mal, todo lo contrario. El sonido es totalmente de gran nivel, de hecho, el estudio, a pesar de sus carencias, poseía una mesa de 56 canales, que era algo muy poco habitual para la época, había muy pocas mesas de grabación repartidas por el mundo que tuvieran esa capacidad. 

Podríamos decir que Rob Halford era un poco loco y muy amigo de la fiesta, pero no era gilipollas, y si, en un primer momento, vieran que aquello no era el lugar que habían imaginado, pudieron haberse largado, pero decidieron quedarse y seguir con todo el proceso de grabación de este Point of Entry, por lo que intuyo que ellos vieron que el sitio tenía su potencial. La prueba es que, volvieron un año después, para registrar el del ojo eléctrico, el inmortal, Screaming for Vengeance.

Por razones que comprenderéis no tuve la suerte de poder escuchar el disco en su época, pero sí lo escuché bastantes años después, y siempre me resultó un álbum, cuando menos chocante. Si venías de un British Steel, que, para mi gusto, no es su mejor disco, en este Point of Entry, había un cambio de tercio en toda regla. La banda era un animal diferente en una especie de juego del gato y del ratón, donde daban una de cal y otra de arena.

Ver los videoclips de "Hot Rockin" y "Don´t Go", segunda y tercera, respectivamente, notabas que los Judas querían ser otra cosa o, cuando menos, buscaban otros horizontes. Quizás en el título estaba la clave: Point of Entry -Punto de entrada-, que no era precisamente el punto que esperaban los fans. 

Visto con la perspectiva de los años, ahora se puede entender mejor el disco en el momento y contexto en el que estaban, pero también hay que reconocer que para el metalhead de aquella, para el metalero de a pie, resultaba una metamorfosis muy dura de asimilar. De romper las reglas con "Breaking the Law" y de haberse convertido en los "Dioses del Metal", ahora se presentaban como unos rockeros más domesticados y acomodados, incluso me atrevería a decir algo ridículos y cursis, donde la música se había enfocado más para las frecuencias FM de las radios de Los Ángeles que para el "The Friday Rock Show" de la BBC. 

La banda en su descargo siempre dijo que todo fuera cosa de la multinacional CBS, que quería un disco más comercial y accesible. No lo discuto, pero lo cierto es que Halford y el resto del grupo, de manera premeditada o coaccionada, se dejaron llevar, y con ello recibieron una buena hostia con el álbum, donde no llegó a contentar ni a propios ni extraños, aunque es verdad que tampoco se puede decir que fuera un absoluto fracaso. Alcanzó el puesto 14 en las listas británicas y, en el lugar que, presuntamente, querían triunfar, me estoy refiriendo en los USA, quedó en un discreto puesto 39 del Billboard. 

Con Point of Entry está claro que hablamos de un disco difícil que ponía a prueba a un grupo que venía de probar las mieles del éxito y se encontraba en una encrucijada. Tampoco ayudó para nada la portada, más sosa y seca que un martini, demasiado abstracta, impropia de una banda de su nivel y que hasta la fecha había cuidado bastante las carátulas de sus discos. Parece ser que había planeada otra cubierta para la edición americana, pero según cuentan las crónicas, era todavía peor que la original, así que, la edición fue tal como se tenía planeada.

En mi opinión, es un elepé disfrutable, hasta puede llegar a ser refrescante, si lo vemos como un álbum aislado y fuera de su catálogo. Es decir, como un experimento más o menos fallido, donde los sacerdotes se probaron en otros registros. La banda no sale derrotada, pero sí un poco desdibujada, en un trabajo extraño e irregular, con sus destellos, pero algo ligero y superficial, más enfocado al hard rock americano que a su heavy metal.

Supongo que estaremos todos de acuerdo en que cuando te apetece escuchar lo mejor o más representativo de Judas Priest no te pones el Point of Entry, obvio, pero eso tampoco lo condena como para tenerlo desterrado u oculto detrás de una estantería. Todas las grandes bandas han tenido sus escarceos y escapadas de fin de semana, y con los Judas no iba a suceder menos. Point of Entry podemos calificarlo de muchas maneras: unos dirán que se intentaron vender y el tiro les salió por la culata, otros que es un álbum olvidable que solo tiene un par (o tres) temas buenos, y, algunos, que el disco fue una apuesta valiente y arriesgada que demostró que los Judas podían salir de su zona de confort y reinventarse aunque no pudieran culminarla de manera maestra.  

Los Judas en 1981

Sea como fuere, amigos, y ya para cerrar esta pequeña y humilde retrospectiva del álbum. Point of Entry a pesar de todos sus defectos y algunas virtudes, conserva algo que nos une mucho a los fans españoles, y no lo digo solo por haberlo grabado en los Mediterranean Studios, y tampoco por ser luego los dueños de los mismos (algo que ayudó muchísimo a su posterior fama, aunque acabara siendo pasto de las llamas). Aquí, de alguna manera, empezó el amor de los Judas Priest por la piel del toro, país donde se sintieron cómodos, vivieron durante largas temporadas y establecieron vínculos personales (y quién sabe si pasionales...) Nunca olvidemos que dentro de nuestras fronteras se gestó uno de los más grandes discos de heavy metal de todos los tiempos, el histórico Screaming For Vengeance, el grito de la venganza, algo que, seguramente, nunca hubiera ocurrido sin que primero grabaran este Point of Entry. Hasta la próxima, amigos.

6.5/10


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