Después de un enorme éxito como supuso la salida de British Steel, el siguiente paso debería haber sido su consagración definitiva o, por lo menos, igualar el cofre conseguido. No había reto ni hazaña más peligrosa que dar continuidad a uno de los discos más míticos del heavy metal mundial. Lo más fácil hubiera sido repetir la fórmula, seguir el camino trazado, pero los Judas Priest decidieron simplificarlo todo y hacerlo más accesible y fácil. Eligieron a España como lugar de grabación y se plantaron en los Ibiza Sound Studios para obrar el milagro de seguir siendo los sumos sacerdotes del metal.
1. Heading Out to the Highway (03:46)
¿Por qué se arriesgaron con algo como este Point of Entry?, ¿y más, por qué decidieron venir a Ibiza a grabarlo? La primera vez que hacían las maletas y grababan un disco fuera de su Reino Unido natal. La fiesta, el desenfreno, alcohol y mujeres, el libertinaje pudo ser un reclamo, cierto, el cual, según las leyendas, corrían sin control por la isla de Eivissa en aquellos primeros años de la transición española, donde esta isla balear se había convertido en el epicentro de la movida nocturna de las discotecas, la música techno, los bohemios, millonarios, cazafortunas y maleantes de toda clase y pelaje. Sexo, droga y las mujeres más bellas de Europa se podían ver ligeras de ropa (aunque esto no creo que le importara mucho a Halford) convirtiendo todo aquello en una ciudad sin ley, un lugar donde todo valía y las autoridades hacían la vista gorda...
Parece ser que el armadanzas de todo fue su batería de aquella, el ya fallecido, Dave Holland (más tarde se haría el dueño de los mismos), que convenció al resto de componentes, sobretodo a Halford y Tipton, para coger los bártulos y sacar los billetes de avión para probar fortuna y degustar las noches de desenfreno y pasión en ese trozo de isla balear. De ahí puede venir el aire festivo y desenfadado que tiene el álbum. Los Judas pasaron de un sonido pesado, heavy y metalero, a algo más cercano a un hard rock relajado, burlón y pasota. Muchos dicen que el disco suena y sabe a cigarrillo americano. Intención total de la discográfica, CBS, que quería por todos los medios penetrar con fuerza en el mercado yankee.
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| Inauguración de los Estudios Mediterráneo (fijaros en esa niña, mal presagio) |
Es curioso lo de este elepé. Siempre me chocó ver a todos unos Judas Priest que ya eran unos grandes, unos tipos con mucha pasta, que podían grabar en cualquier estudio mundial y con el productor que quisieran, se plantaran en medio de la nada, en un paraje apartado, donde apenas tenían luz eléctrica, en muchas ocasiones, sufrían cortes de luz (contado por el propio Ian Hill) y donde todo era un lugar que distaba mucho de estar preparado para recibir a una banda del nivel que ya atesoraban los creadores de Sad Wings of Destiny.
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| Dave Holland (centro) con Fortu y Paco de Obús, años 80, estudios Mediterráneo |
Igual todo es más sencillo de lo que pensamos. Muchas veces los artistas son tipos muy excéntricos y raros, que deciden tomar decisiones ilógicas para personas normales como nosotros, pero que en su mundo particular tienen toda su lógica. La verdad es que no se puede decir que el disco suene mal, todo lo contrario. El sonido es totalmente de gran nivel, de hecho, el estudio, a pesar de sus carencias, poseía una mesa de 56 canales, que era algo muy poco habitual para la época, había muy pocas mesas de grabación repartidas por el mundo que tuvieran esa capacidad.
Podríamos decir que Rob Halford era un poco loco y muy amigo de la fiesta, pero no era gilipollas, y si, en un primer momento, vieran que aquello no era el lugar que habían imaginado, pudieron haberse largado, pero decidieron quedarse y seguir con todo el proceso de grabación de este Point of Entry, por lo que intuyo que ellos vieron que el sitio tenía su potencial. La prueba es que, volvieron un año después, para registrar el del ojo eléctrico, el inmortal, Screaming for Vengeance.
Ver los videoclips de "Hot Rockin" y "Don´t Go", segunda y tercera, respectivamente, notabas que los Judas querían ser otra cosa o, cuando menos, buscaban otros horizontes. Quizás en el título estaba la clave: Point of Entry -Punto de entrada-, que no era precisamente el punto que esperaban los fans.
Visto con la perspectiva de los años, ahora se puede entender mejor el disco en el momento y contexto en el que estaban, pero también hay que reconocer que para el metalhead de aquella, para el metalero de a pie, resultaba una metamorfosis muy dura de asimilar. De romper las reglas con "Breaking the Law" y de haberse convertido en los "Dioses del Metal", ahora se presentaban como unos rockeros más domesticados y acomodados, incluso me atrevería a decir algo ridículos y cursis, donde la música se había enfocado más para las frecuencias FM de las radios de Los Ángeles que para el "The Friday Rock Show" de la BBC.
La banda en su descargo siempre dijo que todo fuera cosa de la multinacional CBS, que quería un disco más comercial y accesible. No lo discuto, pero lo cierto es que Halford y el resto del grupo, de manera premeditada o coaccionada, se dejaron llevar, y con ello recibieron una buena hostia con el álbum, donde no llegó a contentar ni a propios ni extraños, aunque es verdad que tampoco se puede decir que fuera un absoluto fracaso. Alcanzó el puesto 14 en las listas británicas y, en el lugar que, presuntamente, querían triunfar, me estoy refiriendo en los USA, quedó en un discreto puesto 39 del Billboard.
En mi opinión, es un elepé disfrutable, hasta puede llegar a ser refrescante, si lo vemos como un álbum aislado y fuera de su catálogo. Es decir, como un experimento más o menos fallido, donde los sacerdotes se probaron en otros registros. La banda no sale derrotada, pero sí un poco desdibujada, en un trabajo extraño e irregular, con sus destellos, pero algo ligero y superficial, más enfocado al hard rock americano que a su heavy metal.
Supongo que estaremos todos de acuerdo en que cuando te apetece escuchar lo mejor o más representativo de Judas Priest no te pones el Point of Entry, obvio, pero eso tampoco lo condena como para tenerlo desterrado u oculto detrás de una estantería. Todas las grandes bandas han tenido sus escarceos y escapadas de fin de semana, y con los Judas no iba a suceder menos. Point of Entry podemos calificarlo de muchas maneras: unos dirán que se intentaron vender y el tiro les salió por la culata, otros que es un álbum olvidable que solo tiene un par (o tres) temas buenos, y, algunos, que el disco fue una apuesta valiente y arriesgada que demostró que los Judas podían salir de su zona de confort y reinventarse aunque no pudieran culminarla de manera maestra.
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| Los Judas en 1981 |
6.5/10







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