jueves, 7 de mayo de 2026

Dimmu Borgir - Spiritual Black Dimensions: 26 años del salto a las dimensiones espirituales de Dimmu Borgir...

 

Hay discos que en su día no me gustaron. Este fue uno de ellos, después de quedarme pilladísimo por su anterior obra, el magno Enthrone Darkness Thriumphant, donde consiguieron llevar el black metal a otra dimensión de popularidad impensable dentro del estilo. Su siguiente trabajo significó para mí un paso en falso. No entendí mucho este álbum, se me hacía demasiado agresivo y enrevesado, algo pretencioso, donde habían dejado atrás la inmediatez, para adentrarse en algo más progresivo e intenso. Recuperado a día de hoy mi impresión sobre él ha cambiado radicalmente. Si os pasó como a mí, que cuando salió le disteis esquinazo, este reportaje puede ser una buena oportunidad de volver a darle una segunda vida. Dimmu Borgir - Spiritual Black Dimensions: 26 años del salto a las dimensiones espirituales de Dimmu Borgir..


1. Reptile (05:17)
2. Behind the Curtain of Night-Phantasmagoria (03:20)
3. Dreamside Dominions (05:13)
4. United in Unhallowed Grace (04:22)
5. The Promised Future Aeons (06:51)
6. The Blazing Monoliths of Defiance (04:37)
7. The Insight and the Catharsis (07:17)
8. Grotesquery Conceiled (Within Meaureless Magic) (05:10)
9. Arcane Lifeforce Mysteria (07:03)

Produced by: Peter Tägtgren
Nuclear Blast, 1999

Hay que reconocer que no era fácil sacar un disco después de aquel magistral Enthrone Darkness Triumphant, que había cambiado los parámetros y coordenadas musicales del black metal. Dimmu Borgir, en cierta forma, junto con los británicos de Cradle of Filth, fueron dos de las bandas que más revolucionaron el subgénero y le dieron una nueva vuelta de tuerca. Lógicamente, a los más puristas, guardianes supremos de la más pura esencia de lo que es el black metal, enseguida saltaron como buitres a desprestigiarlos y tacharlos de manera frívola y banal de ser una banda impostora, entregada al mainstream y, por lo tanto, ya no eran dignos representantes del estilo.

A pesar del daño profundo que hicieron todas estas criticas feroces, la banda siguió su ascenso meteórico imparable. Dimmu Borgir habían dejado de ser una banda de nicho, provinciana, metida en un gueto, para lanzarse de la mano de los de Nuclear Blast a la conquista de toda Europa y América. Su enfoque más elegante y melódico, con buenas producciones, se desmarcaba de ese black metal crudo y primitivo, de sonidos toscos de sus inicios, para presentar esta música pero haciéndolo con categoría y nivel. Algunos lo llaman venderse o hacerse más comerciales, pudiera ser, pero en realidad lo que hacían era que el black metal sonara con categoría y no como una cloaca apestosa que era lo que defendían sus seguidores más acérrimos.

Sin entrar en debates estériles de cómo debe de sonar el black metal, a mí me gustaba su enfoque, su potencia de sonido y brillantez, daba gusto comprar un disco de ellos y ponerlo en el tocata. Por fin un grupo de black sonaba en condiciones. No veo por qué una banda de black tenga que sonar a pedo. No compro ese mensaje. Creo que una cosa no es excluyente con la otra. Se puede sonar blasfemo y satánico, ser totalmente irreverente, sin por ello tener que renunciar a un sonido de calidad en las grabaciones.


Lo cierto es que mientras sus acólitos más tradicionales se iban alejando de ellos, a la par iban ganando muchos otros, y sus ventas de discos, giras y asistentes a sus conciertos cada vez eran más multitudinarios. Spiritual Black Dimensions significaba consolidar el despegue que habían conseguido con el Enthrone... y demostrar que ese disco no había sido un golpe de suerte.

Si algo ha sabido hacer Shagrath (su líder y uno de sus fundadores) ha sido siempre alejarse de la locura y deriva demencial en la que cayeron casi todas las bandas que siguieron los dictados del Inner Circle. Aunque fundados en la misma ciudad de Oslo, cuna en donde se originó todo ese movimiento, los Dimmu emprendieron otro camino, más inteligente, centrado en lo musical y no en dedicarse a cometer idas de olla políticas que poco o nada tenían que ver con la música.

Los de Nuclear Blast apostaron por ellos y la banda era una de las mimadas del sello, por lo que para este cuarto elepé no se escatimaron gastos. Con esto tampoco os quiero decir que contaron con la pasta que tuvo Metallica, por ejemplo, para grabar el Black Album, pero sí de una cantidad importante (media/alta) para ser la grabación de un disco de black metal.

Repiten otra vez en los míticos Abyss Studios del gurú Peter Tägtgren (Hypocrisy) que era uno de los más afamados productores de música extrema del momento. Famoso por su sonido Abyss, que combinaba muy bien la potencia y el sonido atmosférico (aunque hay gente que no le gustaba nada) con mucho fondo, lo que daba la impresión de escuchar discos como dimensionales. A todo eso sumarle que tuvieron tres meses para grabarlo (lo normal de aquella eran 15 - 20 días) y la posibilidad de añadir muchas capas y pistas de instrumentos, lo que desembocó en un disco como demasiado denso y cargado que, para mi gusto, restó puntos al resultado final.

Enthrone... fue más directo y espontáneo, y creo que respiraba mejor, pero aquí quisieron sofisticar el sonido y hacerlo demasiado grandilocuente y majestuoso, lo que hizo que el elepé saliera un poco "pesado" y exigiera una escucha más atenta y sosegada. Seguramente, algo de culpa tuvo la entrada de un nuevo teclista, Mustis, que aguantó el tirón de resistir el listón muy alto dejado por el anterior teclista, Stian Aarstand, que había dejado inmortalizado para la historia su teclado en esa ya icónica y clásica pieza del black metal como es "Mourning Palace".

Como veis las expectativas eran muy altas y la presión en la banda tenía que ser importante. Con alguna salida de miembros (la citada del teclista) y la entrada de un nuevo guitarra solista, Astennu, que sustituía a Nagash en esas funciones, el grueso de la banda seguía dentro. Y no solo eso, tuvieron el acierto de meter para las voces claras a un incipiente capo de la escena extrema noruega como era el ICS Vortex de los Borknagar, lo que redondeó una formación de lujo que vivía un momento dulce y estaban montados en la cresta de la ola.

Yo os tengo que reconocer que estaba expectante por lo que pudieran sacar. Me había gustado muchísimo su anterior disco, y sabía que la banda se enfrentaba a un match ball. Después de semejante obra maestra, cualquier cosa que editaran podía o, quedarse muy pequeñita o no responder a las expectativas. Mi valoración personal de aquella, ya la conocéis, yo me esperaba algo parecido a temas como la de "Mourning Palace", y en este Spiritual Black Dimensions tiraron por algo a medio camino entre lo sinfónico y lo progresivo que a mí no acabó de convencerme

Lo compré, por supuesto, cuando salió, y, aunque le di sus oportunidades, acabó siendo un poco fracaso para mi gusto. Una opinión, que resultó ser bastante minoritaria, porque el disco en general gustó y tuvo buenas críticas. Aparte de las ventas, que superaron las 100.000 copias y una entrada fuerte en el mercado estadounidense, que consiguió consolidar a la banda y lanzarlos definitivamente a una carrera musical exitosa hasta nuestros días.

Y todo a pesar de que tenía buenos temas. La pista inicial, lanzadísima y abrasadora, "Reptile", la cuarta "United in Unhallowed Grace" (para mi la mejor del disco) con unos teclados y ritmo sincopado de absoluta maestría, y, la última, "Arcane Lifeforce Mysteria", la más épica, siniestra y oscura del disco, formaban tres buenas piezas, pero el resto de temas se me hacían demasiado cargantes y cinematográficos. A veces no sabía muy bien si escuchaba un disco de black metal o una banda sonora de alguna película de terror gótico. Algo no me cuadraba en el sonido del disco. Quizás demasiada intensidad/velocidad, el álbum parecía que por momentos sonaba demasiado acelerado, tal vez una mezcla inadecuada o, simplemente, un trabajo que no era para mí.

Años después descubriría que la banda tuvo problemas con las mezclas, y que al final de las mismas tuvieron que escoger entre dos de ellas. A saber la que desecharon si era mejor o peor que esta, seguramente nunca lo sabremos, pero de ahí mis sospechas en que la banda creo que se pasó de frenada en querer hacer un disco demasiado pretencioso, muy denso y ornamental, lleno de teclados que quizás, taparon otras pistas de instrumentos (guitarras) de ahí ese sonido que tiene como de sinfonía de la muerte. Más bien de una muerte negra, espiritual y muy dimensional.

Mi valoración de él a día de hoy es mucho mejor, creo que es un disco que ha envejecido muy bien. Sigue sonando retador, desafiante y poderoso. Todavía conserva ese poso místico y profundo de negra misticidad. Hoy puedo decir que la banda no falló y sobrevivieron a un Enthrone Darkness Triumphant, que, seguramente, nunca superarán, simplemente, porque es insuperable. Hasta la próxima, amigos.

8/10  


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