
Nuestros ídolos de juventud se van muriendo. Se vuelven a abrir las puertas del Valhalla para recibir a una leyenda. Si hace unos días llorábamos a Phil Campbell, el pasado 26 de marzo le tocaba el turno al bueno de Ross The Boss. Co-fundador de los Manowar y, posiblemente, el guitarrista que grabó los mejores álbumes de la banda, nos deja con 72 años y un legado de canciones inolvidables. Imposible olvidar dos discos como el Fighting the World o Kings of Metal, cualquiera de ellos estoy seguro de que os acompañó en vuestros primeros años de juventud y todavía permanecen muy vivos en vuestros corazones. Como decían los Barón Rojo: por la marcha que nos dio, larga vida a Ross the Boss...
Ross the Boss, en realidad: Ross Friedman "The Boss", nació en El Bronx y murió en El Bronx. Ya sabéis, uno de los distritos de Nueva York, que fue durante los años 70 y 90 una de las zonas más peligrosas y con más mala fama no solo de los EE.UU. sino en todo el mundo. Ahí, entre drogas, crímenes, bandas callejeras, pobreza y falta de oportunidades se crio nuestro protagonista. Quizás ese ambiente tan duro y difícil forjó su personalidad guerrera, y todo eso lo transmitió a su guitarra. Lo normal es que Ross hubiera caído en ese mundo de delincuencia y muerte. Donde la vida no valía nada y sobrevivir se convertía en una heroicidad permanente. Pero la música lo salvó y pronto su amor por tocar un instrumento lo hizo pasar de comenzar tocando el violín, para agarrar la guitarra y no soltarla jamás.
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| Los Dictators, años 70 (Ross, 1º Izq) |
The Dictators se llamó la primera banda que montó. Quería ser un dictador e infringir su propia ley: la ley del rock and roll. Así hizo desde 1973 a 1979 con los que grabó tres discos de proto/punk, precursores de lo que después sería el famoso punk rock de sonido americano. Mientras, cometía pequeños delitos y escapaba de la policía corriendo por las callejuelas y garitos de El Bronx. A la par de todo eso, le surge la oportunidad de formar parte de una prometedora banda francesa de hard rock con vocalista femenina llamada Shakin' Street, que había firmado con la multinacional CBS, y con la que estuvo yendo y viniendo desde New York hasta París durante un año, algo que le sirvió para empaparse mucho de la cultura europea y los ambientes musicales metaleros de la Francia de los 80.
Todo le daría un vuelco cuando en 1980 conoció a Joey DeMaio, el icónico bajista trabajaba de rooadie de los Black Sabbath, en la gira de presentación del mítico Heaven and Hell, y Ross iba de telonero con los franchutes de Shakin' Street. En algún momento, estando en el backstage, bajo la bendición del pequeño elfo Dio y del maestro del riff Tony Iommi, parece ser que el ya fallecido Ronnie James Dio le presentó a Ross el DeMaio, entre los dos surgió la química y ambos decidieron montar una banda tan grande o más que los propios Sabbath.
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| Manowar en 1985 (Ross 2º Dcha) |
La guitarra heroica de Ross y el bajo personalísimo de Joey se unieron y juntos empezaron a crear el coloso Manowar. Su true metal, la sangre de los reyes, batallas, magos y brujas. La mitología, el Valhalla, el Martillo de Thor, las portadas de Ken Kelly y toda la imaginería épica que transformaron desde un heavy épico primitivo y underground, hasta llegar a 1988 y consagrarse con uno de los mejores discos de la historia del heavy metal como fue Kings of Metal.
Nunca se sabrá realmente que peso tuvo Ross en los últimos años con él dentro del grupo. De empezar siendo unos chavales de New York, su música empezó cada día a hacerse más y más grande, y sus diferencias personales corrieron a la par que cada vez iban sumando más adeptos y asistentes a sus conciertos. Iniciada la chispa en 1982 con su disco debut, estuvieron seis años de ascenso meteórico, vendiendo una imagen y actitud de verdaderos animales que no se había visto hasta la fecha. El volumen y potencia ensordecedora en sus conciertos, su actitud vehemente y excesos varios, unida a su estética de guerreros salvajes, vestidos con taparrabos de cuero, bebiendo cerveza por un cuerno y cagando y meando en parques y jardines, desataban el terror allí donde se presentaban a tocar.
Querían ser la banda más poderosa, ruidosa y salvaje que hubiera pisado la faz de la tierra. Para ello sí está acreditado que los dos primeros discos que grabaron juntos: Battle Hyms e Into Glory Ride llevaron el peso artístico y la firma de Boss en cada riff, melodía y solo que registraron. Dentro de esos discos vive el espíritu más libre y auténtico del fallecido The Boss. Ahí forjaron la leyenda hasta que en 1984 presentaron Sing of the Hammer. El álbum que de alguna forma los lanzó al gran público y los preparó para el éxito internacional con sus míticos Fighting the World y su posterior coronación en 1988 con Kings of Metal.

Fueron años de pasión, gloria y éxito, pero también de mucho sudor, sangre y lágrimas. La historia de ambos fue muy bonita, pero acabó de manera abrupta cuando estaban en lo mejor y habían llegado a lo más alto. Nunca entendí por qué Joey echó a Ross del grupo. Para muchos con su salida se acabaron los verdaderos Manowar. Personalmente, para mí Manowar ya nunca fueron lo mismo. Todavía sacarían buenos discos, pero sin la guitarra de Ross y su presencia en el escenario, su carisma, feeling y cercanía, el grupo había perdido a su alma más rockera y callejera. Quizás era el más normal de todos, o, simplemente, el éxito no lo cambió. Siguió siendo un chaval del Bronx, a diferencia de Joey que, según el propio Ross, se hizo un tío avaricioso y calculador, donde solo primaba el dinero y el puto negocio.
Separados sus caminos, ambos siguieron trayectorias distintas. Los Manowar de Joey DeMaio siguieron sembrando el caos y la fuerza de su espada durante los 90 y, el expulsado y defenestrado Ross, siguió adelante montando bandas de segunda fila y sacando discos de diferentes estilos, sin nunca conseguir el reconocimiento ni el éxito merecido. Regresaría más guerrero que nunca en 2008 montando su propia banda, titulada a secas: Ross the Boss, editando algún disco interesante, pero nunca más recuperó sus días de gloria de cuando estaba en los Manowar.
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| Ross en 2023 |
Su forma de tocar la guitarra, su rasgueo punk, sus power chords, directos y sin florituras innecesarias, lo convertían en un hacha de pegada, de raza, de fuerza, que potenciaba la emoción en detrimento de los guitarristas técnicos y fríos que recorrían sus mástiles en una carrera vertiginosa para terminar muchas veces en un lugar aburrido y desolado. Ross se bastaba con un riff, una melodía o un solo para llevarnos por su heavy épico, a sus fantasías guerreras, a los secretos del acero y a las brujas hechiceras.
Estamos ante la pérdida de un guitarrista que puso el heavy épico en el salón de nuestras casas. Igual que John Milius puso en 1982 las aventuras de Conan el Bárbaro en todos nuestros televisores. Ross the Boss fue un guerrero olvidado, despojado de su corona, pero nunca de su guitarra, la cual siguió tocando hasta el final de sus días. Descanse En Paz, Ross the Boss: el guerrero olvidado del acero... Hasta la próxima, amigos.
"Odín te espero
yo soy tu verdadero hijo
te saludo ahora mientras muero
te entrego mi espada
y ante nadie me arrodillo
nuestro es el reino del acero..."
(Fragmento letra canción "The Crown and the Ring" 1988)
A la memoria de Ross Boss Friedman (DEP)
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